viernes, 31 de diciembre de 2010

Gracias, compañera Presidenta por este año


Por supuesto que vamos a recordar a Néstor cuando la repetida ceremonia del año nuevo nos emocione como siempre.

Dijiste que había sido tu año más doloroso pero yo elijo recordarte bailando en la fiesta del Bicentenario. Nunca me gustaron las murgas y estaba cansada después de cuatro días de festejo así que justo en ese momento decidí irme pero un amigo me dijo: “Mirala a Cristina” y tuve que quedarme. Esa imagen es el negativo de tu llanto escondido en los anteojos negros los días del velatorio del compañero de toda tu vida.

Yo quiero agradecerte, compañera presidenta, no sólo porque desde el año 2003 somos muchos los que cumplimos nuestros sueños y vivimos también las cosas con las que nunca habíamos soñado. Sino porque tu ejemplo permanente de fortaleza e inteligencia , tu capacidad para enfrentarte al dolor y los agravios desde la racionalizad, la inventiva, la estrategia política, es el combustible más estimulante para intentar ser mejores, crecer como personas.

Gracias por hacernos sentir orgullosos todos los días

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad


Gracias a todos los que me ayudaron a construir un año maravilloso

jueves, 23 de diciembre de 2010

Néstor, esta Navidad vas a estar en nuestra mesa


Gracias a vos millones de familias va a tener una mesa navideña repleta,millones de padres van a ser Papá Noel para sus hijos.

Gracias a vos Videla va a pasar la Navidad en la cárcel y todos los que llevamos a los treinta mil en el corazón vamos a sentirnos un poquito menos solos

Millones vamos a darle calor a Cristina en esta Navidad para que el vacío que dejó tu ausencia se llene un poco con nuestro amor (llenarlo del todo va a ser imposible)

Gracias, una ves más por enseñarnos a ser más valientes, a confiar en nosotros, a pelear hasta el final por lo que creemos justo.

Aunque los profetas del odio intenten arruinar una Navidad maravillosa nosotros haremos de tu nombre una bandera y la llevaremos flameando hasta la victoria

Feliz Navidad, Néstor, que el abrazo de los treinta mil te sirva de compañía.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El suplicio


Nicolás Casullo habló de una culpa no asumida de la sociedad argentina en relación a la dictadura. El desaparecido podría pensarse como la víctima del sacrificio.
La iglesia católica no asume el sacrificio en la cruz como una transgresión al “no matarás”. Al no asumir esta transgresión lo que hace es naturalizar el Mal, estrategia que le resulta útil para propagandizar la tortura. Esa violencia de su mito fundador no está asumida como una transgresión sino como una norma que se reproduce a lo largo de la historia. Un claro ejemplo de esto es la película “La pasión de Cristo” de Mel Gibson que ha tenido la bendición del Vaticano.
“No cabe duda de que ese sacrificio consiste en un acto de dar la muerte, de que se trata de algo sangriento. Es una transgresión en el sentido en que ese acto de matar es, de hecho, un pecado.”
No es sólo la obra de un pueblo ciego que no sabe lo que hace. El dios padre lo manda la tierra para que cumpla ese sacrificio. La película de Mel Gibson le da una centralidad avasallante al acto de la crucifixión por encima de las acciones de ese Cristo hombre. No vino a la tierra a predicar, a revelarse, a proteger y defender a los humildes, vino a morir en la cruz. Esa es la bandera que sostiene el cristianismo para convencer a los fieles de que deben soportar todos los padecimientos como él lo hizo. Toma este argumento como norma para herir la carne, se trata de un acto deliberado.
“Para el cristianismo, no reconocer la santidad de la transgresión es un fundamento”
Lo que el sacrificio provocaba era la nausea. La película “La pasión de Cristo” es muy violenta, lo que impresiona es la violencia de los órganos del cuerpo despedazados, como ocurría en el sacrificio animal. Esta escena es la que no existe para nosotros hoy. Hay formas obscenas de sacrificio que nos alejan de la nausea como reacción inmediata, física.
“La experiencia contemporáneas invierte las conductas de piedad en el sacrificio.”
Hoy el sacrificio no provoca este sentimiento de piedad porque el horror está fuera de escena. No presenciamos el martirio físico pero si otra clase de suplicio, más ligada a lo moral que se ha naturalizado en los medios.
“Si hay prohibición es de una violencia elemental. Esa violencia se da en la carne.” A este espacio del propio cuerpo se traslada esa transgresión no asumida. La prohibición del “no matarás” que se transgrede en el sacrificio de la cruz, se asume en el cuerpo de cada fiel en relación al erotismo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Una moral situada


Si el Kirchnerismo recuperó la idea de conflicto como un factor estructurante para hacer avanzar la acción política, la muerte de Mariano Ferreyra, los episodios de Formosa y de Villa Soldati llevan la contienda política a la confrontación del cuerpo a cuerpo. Dentro de esta lógica el que tiene las mayores posibilidades de perder es el más débil, es decir, los sectores desposeídos que reclaman por sus justos derechos. Los muertos son de un solo lado, lo que confirma esta certeza.

Durante los convulsionados 2002 y 2003, el “Colectivo Situaciones” afirmaba que el poder ( por ese entonces el gobierno de Eduardo Duhalde) quería llevarlos a la confrontación cuerpo a cuerpo porque eso ayudaba a terminar de demonizar al movimiento piquetero al mostrarlo como protagonista de una acción violenta. Ellos tenían en claro que debían evitar llegar a esa instancia y desarrollaron una serie de recursos de concientización política en sus militantes. Los primeros meses del gobierno de Néstor Kirchner no fueron sencillos en el modo de contener el conflicto social y hasta tuvo que prescindir de un Ministro de Justicia a quien la máxima de no reprimir no lo convencía mucho.

Comparto con Horacio González la idea de que estos episodios “ponen a la política argentina, nuevamente, en el máximo de exigencia moral e intelectual”, también coincido como señalaba en la nota del sábado 11 de diciembre en Página/12 que se debe “tomar partido por las víctimas sociales, los débiles de la historia, sin más”.Si decidí apoyar el proyecto político del kirchnerismo es porque pude ver y comprobar que mejoraba la vida de buena parte de la población. Nunca pondría la defensa del proyecto por encima de la vida de los sectores más vulnerables. En este sentido creo que los hechos de Formosa son una nube negra que debe ser despejada. El día que el kirchnerismo deje de ocuparse de los sectores más desposeídos yo voy a dejar de ser kirchnerista.

Pero no puedo pensar los hechos en abstracto, como pareciera invocar González en esa nota, por fuera de la razón de estado, sino que entiendo los sucesos políticos como situados, respondiendo a relaciones de fuerza, a estrategias políticas que muchas veces sus protagonistas ignoran. Con esto no quiero decir que voy a negar la legitimidad de la protesta o que voy a desalentar las manifestaciones y reclamos. Creo que una sociedad crece en la medida en que se escuchan más voces señalando lo que falta. Pedirle al pueblo, especialmente al sector que más sufre, que se calle para mantener lo logrado es sostener una lógica asesina.

Para que las personas salgan en grupo a la calle, decidan tomar un espacio, tiene que haber u organización o un detonante que las motive a salir. Los hechos del 19 y 20 de diciembre corresponden al último caso. No nos pusimos de acuerdo para tomar la plaza sino que fuimos invadidos por el mismo sentimiento de furia que nos provocó el discurso de Fernando De la Rúa después de una serie de episodios intolerables. Teníamos que salir a la calle, era un acto, si se quiere visceral, la ciudadanía recuperó no sólo el protagonismo sino esa certeza de que su acción, su intervención podía modificar la realidad. Esos episodios fueron capitalizados por la fuerza política que estaba en mejores condiciones de aprovecharlos: el duhaldismo, pero nada le quita valor a esa presencia del pueblo en la calle después de tantos años de silencio.

Después podemos discutir largamente sobre el espíritu de los caceroleros, sobre la gente que sólo salió por la plata, pero lo que argumentaba en ese momento y lo que sostengo ahora es que no existen hechos políticos puros. Sostener que el 19 y 20 de diciembre llevó a Duhalde al poder es hacer una lectura cínica y desalentadora de la historia. Que las personas salgan a la calle, se presenten, se hagan oír, que escuchemos las voces de esas singularidades que no buscan representantes sino que están allí como seres que se pronuncian sobre su situación, es algo que siempre vamos a defender.Que sus reclamos están por encima de todo, por supuesto, pero ese “sin más” de González no me parece que ayude a concretar estos reclamos sino que nos ubica en una zona estrictamente moral. Esa moral de González me suena tan abstracta que corre el riesgo de parecerse a la falsa espiritualidad de Elisa Carrió. La moral la construimos sabiendo que estamos en un contexto atravesado por estrategias políticas. Llevar a los sujetos a la lucha del cuerpo a cuerpo es extremar el conflicto y eso responde a un plan, no es producto de la mera casualidad.

Mi planteo es el siguiente: Estamos en un momento donde el gobierno de Cristina Fernández goza de un alto porcentaje de imagen positiva. Existe un pueblo participativo, movilizado, critico, que ha recuperado su capacidad de pensar y discutir su época. Podríamos decir que hay un amplio sector del pueblo que se ha despertado y esto se expresa en una variedad de discursos que no son exclusivamente kirchneristas. Acciones estudiantiles, pueblos originarios que se visibilizan cada vez más, movimientos de diversidad sexual, trabajadores. No piensan todos igual, no se encolumnan de forma fanática a un modelo, como cree Tomás Abraham, sino que han recuperado su capacidad de protagonismo y la confianza de que ante el reclamo pueda existir una modificación de los hechos a su favor. Por otro lado se está realizando una muy interesante revisión del pasado ligada a la política de derechos humanos y a la mirada sobre la historia que posibilitó el Bicentenario. Tampoco aquí hay un discurso uniforme. Pero lo bueno es que nos hemos despabilado como sujetos, que queremos pelear, discutir y conseguir esos derechos que todos nos merecemos.

Pero aquí no se termina mi diagnóstico. Hay una derecha que ve en estas expresiones a su mayor enemigo. Una derecha que quiere el ajuste y la somnolencia de los noventa. Esta nueva derecha es más compleja de lo que parece porque tiene a muchos intelectuales progresistas que dicen, como expresaba Abraham en un programa de televisión, que él está de acuerdo con la política económica del kirchnerismo, que a él lo que realmente le molesta es su política cultural. Lo que yo siento es que mucha gente lo que no soporta es que las personas se aviven (aclaro: avivarse no quiere decir ser kirchnerista sino ser una persona autónoma, que es algo muy distinto)

¿Cómo hace esta derecha para poder imponer su modelo dentro de este contexto? Una idea de cualquier politólogo o conocedor más o menos profesional de la política es instalar una situación de violencia. La derecha siempre se ve beneficiada en el caos, la crisis, la confusión y el miedo. Instalar el miedo es un recurso que la derecha utiliza desde tiempos inmemoriales porque cuando la gente tiene miedo se vuelve más conservadora. ¿Cómo reducimos a un sujeto a su expresión más básica, plana , a esa existencia que lo vuelve domesticable? Instalando el miedo. Pueden ser muy progresistas, muy inteligentes, muy críticos, pueden dudar de Clarín y de TN pero si ven que corren el riesgo de perder todo lo que tienen se olvidan de “6,7,8” de las canciones de Barragán y del cadáver de Néstor y piden bala.

Lo que me preocupa del texto de Gonzales es que la derecha argentina es asesina y no le va a temblar el pulso si tiene que volver a matar como mató en 1955 en Plaza de Mayo o en los años setenta en la ESMA. Tenemos que defender a esa gente que padece pero también tenemos que preguntarnos ¿a quién beneficia todo esto? No por mezquindad ni bajeza ni mirada corta de la política, sino porque si estamos atentos vamos a impedir que todos aquellos que sufren terminen despedazados por la derecha. Voy a ser más clara, tenemos que hacernos esas preguntas por nosotros, no por Cristina, no por el kirchnerismo, sino porque los cuerpos a los que van a dirigir las balas si ignoramos esas preguntas y pedimos por una moral sin más, van a ser los nuestros.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El sacrificio


La historia de Néstor Kirchner se parece a la de un héroe griego. Como Edipo que salva a Tebas del sojuzgamiento de la Esfinge, Kirchner salvó a nuestro país de la peor crisis institucional de la historia. Edipo vence intelectualmente a la Esfinge al resolver un acertijo del que nadie sabía la respuesta y lo proclaman rey de Tebas. Kirchner resuelve la crisis argentina con astucia, inteligencia y audacia, sin reprimir, dando combate a sus enemigos desde la argumentación y las ideas.
Vive su momento de gloria y después cae. Ocurre algo similar a los sacrificios que tenían lugar en épocas arcaicas.

Una buena parte de la sociedad hace propio el discurso de los sectores del poder económico, repite los panfletos de la propaganda mediática y lo acorrala hacia el sacrificio.

El sacrificio es una acción colectiva donde se elije una víctima, se la asedia y se la mata como producto de un acto violento y cruel que en la etapa primitiva de la humanidad ocurría a la vista de todos. Hoy los sacrificios se ocultan de mil maneras y también tienen carácter simbólico, en muchas casos no hay una mano ejecutora que actúa sobre el cuerpo de la víctima.

Lo esencial es remarcar que se trata de un acto colectivo. Las sociedades buscan mecanismos para llevar a determinados sujetos al sacrificio. Lo que le da relevancia a la acción es que el sujeto haya muerto como resultado de esa presión. Es un proceso donde las sociedades hostigan a un sujeto para sacrificarlo y después lo enaltecen, lo colocan en el plano de lo divino.

El ser sacrificado asciende al territorio de lo sagrado, que , si pensamos bajo la línea de George Bataille, es exactamente igual a lo prohibido.No se trata de lo incuestionable, como suele pensarse hoy la palabra sagrado. Al sacrificar a una persona se transgrede la prohibición del “no matarás”, desde ese lugar la víctima se vuelve sagrada porque fue el objeto de una transgresión social .Lo lleva al terreno de lo eterno al elevar a ese sujeto por encima de los demás.
Por estos días la derecha no soporta la idea de que Kirchner pueda convertirse en un mito y perseveran en su estrategia de negar lo evidente para intentar convertir su deseo en realidad, pero lo cierto es que parte del sustento de ese mito lo crearon ellos al demonizar al extremo la figura de Kirchner. Tanto lo cuestionaron, tanto se ocuparon en convertirlo en el responsable absoluto de todos los males ,que su muerte cobró otra fuerza, encendió en su figura el fantasma de la culpa. Muchas de las personas que lo lloraron estaban pidiéndole perdón. Por eso esa manifestación tan descarnada, porque de alguna manera se sentían “responsables” de ese deterioro físico, de esa salud debilitada a la que no se puede dejar de leer en clave política. Ese pueblo que lo acorraló y le hizo perder la última elección de su vida fue también (en una proporción importante) el pueblo que lo lloró. Hay una responsabilidad colectiva frente a esa muerte.

“Lo sagrado es, justamente, la continuidad del ser revelada a quienes presten atención en un rito solemne, a la muerte de un ser discontinuo” (…)“Sólo una muerte espectacular, operada en las condiciones determinadas por la gravedad y la colectividad de la religión, es susceptible de revelar lo que habitualmente se escapa a nuestra atención”

La muerte de Kirchner, que fue espectacular e inesperada, uno de esos acontecimientos políticos impensados, iluminó una verdad. Después de tanta discusión, de tanto discurso estratégico en función de tal o cual ideología, un suceso como la manifestación frente a sus exequias, vino a instalar la verdad como un hecho contundente y evidente que se da en el plano de lo real colectivo que se adueña de las interpretaciones restringiendo el espacio para las lecturas que buscan tergiversar su propia evidencia.
Hay sucesos sociales que podríamos llamar abiertos, que se prestan a muchísimas lecturas, incluso antagónicas y que en numerosas oportunidades suelen ser oscuros en cuanto a su significado, por lo general es el transcurrir del tiempo histórico el que les da su lugar y decanta su significado. Pero otros a los que llamaría cerrados (a falta de un nombre mejor) se vuelven dueños de la palabra que los explica. Por lo tanto los discursos que intentan falsificarlo se debilitan de un modo tan contundente , sin que sus argumentos despierten mayor atención.
Se revela algo de ese colectivo que la sociedad no quería ver. Descubre de qué cosas es capaz.

“Ese mundo es el mundo humano que, formado en la negación de la animalidad, o de la naturaleza se niega a sí mismo y, en esta segunda negación se supera sin por ello volver a lo que había negado al comienzo”

La sociedad no quiere ver el resultado de su animalidad, el sacrificio del que es capaz, y lo transforma en su apariencia de racionalidad como una manera de tapar su propia vergüenza.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Algo más que nostalgia de la correspondencia


Una versión de esta nota fue publicada en el Suplemento Las 12 del diario Página/12 el viernes 20 de noviembre

Muestra: Fragmentos de archivo y libro Artecorreo de Graciela Gutiérrez Marx

Por Alejandra Varela

Viajar en barco a Europa en 1978, casarse con un alemán en inglés, parecen escenas de una película. Mucho más si la protagonista es una joven artista plástica que está descubriendo el Artecorreo como un recurso de resistencia frente a la dictadura, como un modo secreto y sorprendente de gritar el dolor entre letras y estampillas en un espacio y un tiempo que no entienden de límites. La mujer de esta película siente que debe dar a conocer el terror que se vive en la Argentina y se le ocurre navegar a Génova y enviar una grabación a sus contactos del Artecorreo con un nombre y una dirección falsa.“No puedo hacerme dueña de la palabra de un pueblo que sufre desde adentro lo que guardo dolorosamente desde un afuera momentáneo. Cómo comunicar lo que sucede entre los aullidos/sirenas del estado de sitio y el dolor de las familias con hijos e hijas capturados por las patrullas infernales”.La voz de Graciela Gutiérrez Marx es tan real como ese tono de ficción que adquieren ciertas vidas intensas. Aquellas que no reconocen diferencias entre el arte y los modos cotidianos de enfrentar la historia.
Gutiérrez Marx abre su archivo de Artecorreo y lo despliega en una sala del MACLA, contenido entre vitrinas y arrullado en la canción de un poema dadaísta que Cecilia Cánepa lee en la presentación del libro Artecorreo. Artistas invisibles en la red .Vuelve por unas horas ese fervor de vanguardias que la ciudad de La Plata supo contemplar y que tiene en Graciela a una de sus testigos. En el libro se propone reconstruir un itinerario de la inabarcable historia del mail-art, aquella que se enlaza con su biografía, que tiene su impronta y que dialoga en tensión con todos los otros relatos posibles.
En los años 60, Gutiérrez Marx es una de las pocas mujeres que se anima a internarse en la carrera de escultura de la Facultad de Bellas Artes.“En la cartera chanel, en vez de sacar pañuelitos y esas cosas ,llevaba adentro el martillo, la tenaza, la lezna. No quedaba muy femenino. Además el sólo hecho de estar trabajando con estructuras grades, soldando, daba un aspecto medio raro. Por un lado cierto temor, en los más tradicionalistas y por otro cierto desmerecimiento. Nuestro profesor, que era excelente, nos decía en el taller de escultura: amasen, ravioleras, cuando preparábamos la arcilla”.
La joven estudiante, hija única, ajena al atuendo y las modas de Bellas Artes, entendió que tenía que fortalecer su carácter para enfrentar estas obstrucciones. Correr a llorar al baño no era una alternativa, debía persistir y terminar la carrera.“El tema de la resistencia está a lo largo de toda mi vida y por eso entro tan bien en la propuesta del Artecorreo”
Arrancar al arte la máscara de lo sagrado para salpicarla del barro de la vida es el clamor donde el objeto se convierte en palabra. La acción personal reemplaza al arte que agoniza expuesto como luminosa mercancía.“Manuel López Blanco, que me había elegido como ayudante de cátedra, fue mi primer gran maestro. Él puso en crisis el rol del artista en la sociedad. Se lo dijo a toda la Facultad pero a mi me pegó, según algunos mal pero yo creo que bien. Siempre me estuve cuestionando, desde las primera muestras, ¿para qué producía? ¿para vender? No me interesaba. Yo expuse en lugares muy buenos, me llegaron a invitar al Di Tella y dije que no porque me di cuenta de que Buenos Aires no era para mi”.
Un espíritu revulsivo lleva a la creación constante. No se trata de una obra acabada bajo la autoría de un genio, sino de un arte de base donde florecen no artistas. El artecorreo es una fiesta permanente. Un modo de esconderse cuando la visibilidad es un peligro y de lograr presencia frente a la desaparición, el silencio impuesto. Tiene la facultad de despertar al artista que hay en cada receptor. Ante la sorpresa de un envío postal que encierra una pieza artística a la que deberá agregar, emplastar como un colage infantil, tocar y pasar, la obra desaparece como mercancía para convertirse en regalo.
“Conozco a Edgardo Vigo en el Colegio Nacional. Él hablaba del artecorreo, la poesía concreta pero no me decía como hacer para conectarme. Cometió el error de llevarme a Buenos Aires y presentarme a sus amigos, entre ellos Horacio Zavala. A la segunda o tercera vez que hablamos me preguntó porqué no participaba y le expliqué que Vigo no me ayudaba, me decía: Averigualo. Entonces Zavala me prometió que iba a enviarme algunas invitaciones: te las ensobro y pasado mañana las tenés en tu casa. A mi me dio un ataque de pánico porque yo nunca había recibido nada y lo primero que recibo es una invitación para participar en una muestra de sellos de goma.¿Cómo los hacía? Le preguntaba a Vigo y me contestaba: Yo no sé nada, que te explique Zavala. “
Las pruebas implacables que ese mito platense del artecorreo llamado Vigo le impuso a Gutiérrez Marx iban hilando refinadas estrategias, como un combustible mágico que alimentaba su imaginación. Graciela reconoce haber tenido muchos Rodin en su vida pero siempre salió victoriosa, eludiendo el destino de locura de Camile Claudel
“A partir del lugar que me dio López Blanco supe enfrentar al hombre, porque él no era machista, como mi papá que tampoco era machista, entonces yo no entendía lo que era ser machista. Manolo me trataba como correspondía, de igual a igual aceptando mi condición de mujer. De allí salió la resistencia porque es un doble juego, vos te arrojás, te aventurás pero al mismo tiempo tenés que tener la fuerza para resistir y tratar de que eso no te mate .Sé que es un logro porque esto no te lo regala nadie, es un fuerte trabajo.“
El ensimismamiento de Ray Johnson, uno de los padres del artecorreo que hizo de la palabra nothing una bandera para terminar convirtiendo su suicidio en un acto performático, contrasta
con el aullido que le dio identidad a un grupo de artistas desplazados en los años de la dictadura. Cuando fueron echados de sus trabajos, cuando las muestras debían interrumpirse ante las amenazas, el artecorreo cobraba una fuerza inevitable. Llegaban sospechosas cartas de Europa del Este a la casa racionalista de Gutiérrez Marx. Alguna mañana de cumpleaños se sorprendió al encontrar una obra suya publicada en un exótico libro importado, logró enviar siluetas de desaparecidos con una leyenda que sostenía “testimonio de una poética de creación colectiva que no me pertenece“.
El jardín de infantes de su hijo fue la estación de un correo de cucarachas con la complicidad de un cartero poeta. Al llegar la democracia Gutiérrez Marx buscó trasladar ese umbral de anarquismo inocente al centro de la calle.
“Ahora dicen que El Tendedero, poema colectivo colgante, es la primer intervención urbana que se hizo en La Plata pero no fue premeditado, después se le dio ese nombre. Me salió porque convocan para el Primer Fogón de la Cultura Popular y la idea inmediata fue sacar los cuadros y las esculturas a la plaza. Yo dije no, se tiene que poder hacer otra cosa, porque estaba muy alimentada de lo que me llegaba de distintos lugares. Había visto la obra de Diego Barbosa en México, toda una procesión de gente debajo de un gran trapo pintado por ellos mismos y caminaban como si bailaran .Sacaba a mi madre a dar vueltas los fines de semana y como venimos de un origen muy humilde íbamos a los márgenes. Lo que más nos gustaba, algo que observé también cuando militaba en la villa, es como colgaban la ropa, yo también sé hacerlo muy bien, es colgarla como si la plancharas con la mano. Esa ropa tan bien lavada en el medio del barro.”
La compañía de la Tierra Malamada buscó ser una crónica visual de los desaparecidos vivos, aquellas personas que habían sobrevivido a la dictadura desde el exilio interno, alejadas de toda heroicidad, seres anónimos que se manifestaban colgando un corpiño de ama de casa con un cartel que señalaba:“Testigo transparente de los primeros biberones de mis mellizos. Viva el arte popular.”
Dentro de la multiplicidad de voces del Artecorreo, Gutiérrez Marx se encuentra con el artista italiano Bruno Talpo al descubrir que la mayor obra de arte latinoamericano es la supervivencia.“Todavía sigo siendo la piba, a esta edad es tragicómico. Yo digo: Che piba andá a comprar cigarrillos al kiosco. Pero no porque fuera más chica sino porque me veían más chica en potencia. Tal vez me valoran más ahora pero seguís siendo menor, no por maldad, por una formación generacional”

La Muestra Fragmentos de archivo puede visitarse en el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (MACLA) ubicado en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha calle 50 (6y7) sala 8, hasta el 28 de noviembre.
Para adquirir el libro Artecorreo. Artistas invisibles en la red, escribir a artistasinvisibles@yahoo.com.ar

domingo, 21 de noviembre de 2010

Los muertos


La prohibición que desde épocas arcaicas obliga a enterrar a los muertos es una señal del rechazo de la violencia. El desaparecido funcionaría como la negación de la violencia al borrar de la esfera pública no sólo su asesinato sino su cuerpo. Esa violencia que el estado realiza a escondidas debe ser negada por toda la sociedad. Ese acto, doblemente violento, se le impone a toda una comunidad que deberá reproducir el discurso de los asesinos. Así se pondrán en duda las denuncias, se dirá que nada ha ocurrido, la sociedad elegirá la opción más tranquilizadora, la de creer que nada pasó, que se trata sólo de habladurías.

El miedo al contagio frente a la descomposición del cadáver es también la comprobación de esa violencia. Lo que ese acto genera en quien observa es la náusea. Ese asco puede ser peligroso porque el rechazo a ese dolor descarnado reafirma la prohibición del “No matarás”.

En la época clásica algunos autores, como Aristóteles, tenían la teoría de que la vida surgía de la podredumbre. Se temía al horror y la atracción que la podredumbre generaba en los sujetos. Desde este lugar también puede leerse la prohibición de enterrar el cadáver de Polinice que realiza Creonte en “Antígona” de Sófocles. El rey Creonte quiere ofrecer el espectáculo de la putrefacción del cadáver de Polinice a toda la ciudad. No busca ocultar la violencia sino expandirla con el aroma del cadáver, ofrecer al pueblo tebano el espectáculo de las aves carroñeras destrozando el cuerpo muerto. Antígona se revela frente a esa prohibición en nombre de los dioses y ellos ejecutan el castigo hacia Creonte porque ese espectáculo que produce náuseas es demasiado peligroso, puede enardecer a un pueblo, puede mostrarle de cuanto horror un monarca es capaz.

Pero ¿qué pasa cuando una sociedad comienza a regodearse con las escena que en tiempos arcaicos le provocaron horror? ¿A esto se le llama civilización, a la normalización de la violencia?

“La muerte de una generación exige una nueva generación”, proclama Georges Bataille en “El erotismo” . Hacer desaparecer a una generación y robar sus hijos como un modo de poner en su lugar a seres nuevos, domesticados bajo los mecanismos de la apropiación. Reemplazar al muerto por una nueva generación despolitizada.

Pero sus planes fracasaron o no se cumplieron del todo porque la tarea de recuperación de la identidad que realizan las Abuelas de Plaza de Mayo implica un nuevo nacimiento. Ese sujeto reaparece bajo una forma nueva. El desaparecido se reencarna simbólicamente en su hijo que viene a reivindicar su tarea. Las Abuelas de este modo cumplen con una de las primeras consignas de las Madres de Plaza de Mayo “Aparición con vida”

La trasgresión es de carácter ilógico. “No existe prohibición que no pueda ser transgredida”, sostiene Bataille.

Oscar del Barco piensa la prohibición del “No matarás” como un mandato que no debería ser transgredido. La idea del “No matarás” supone en si misma la posibilidad de matar. Porque existe esta prohibición existe la guerra.

La violencia organizada de la guerra, esa violencia política a la que se refiere Del Barco, es producto de la prohibición. Por esta razón es prácticamente imposible buscar en el “No matarás” la afirmación de la no violencia porque ese mandato mismo es el que la genera. Si nos proponemos pensar una política donde la muerte no esté justificada bajo ninguna causa, bajo ningún valor supremo que la convierta en una herramienta más, debemos sostener su ausencia, su negación a matar bajo otro concepto, deberemos crear condiciones para que eso no ocurra pero el principal error de Del Barco ( a mi modesto entender) es afirmar su repudio a la violencia en un mandato bíblico, en una prohibición. El mismo Bataille señala que la religión es una simplificación. El sustento de la elaborada filosofía de Del Barco pareciera ser: no hay que matar porque está mal, incluso, no hay que pensar el porqué, no se debe matar y punto, como algo que no merece ser cuestionado. Esa imposición es la certeza de que el “No matarás” no podrá cumplirse.
El tabú apunta a la sensibilidad, no a la inteligencia. “La transgresión organizada forma con lo prohibido un conjunto que define la vida social”. Funcionan como elementos complementarios, no como opuestos

En el mundo arcaico los rituales que posibilitaban esa aparición desmedida de la violencia bajo toda sus formas eran tan importantes como el entierro de los muertos. Es decir la prohibición y la transgresión que encarnaba el ritual eran factores igualmente necesarios para mantener el orden social.

En “Las Bacantes” de Eurípides el castigo a Penteo es por haber intentado impedir que el ritual se cumpliera. Si bien la tragedia se ofrece como una propaganda en contra de las fiestas Dionisíacas el personaje que se propone la prohibición de la máxima bacanal griega es muerto a manos de su madre que está fuera de sí, presa del estado embriagador de Dionisio y lo asesina al confundirlo con un animal.La misma prohibición desata el peor de los crímenes.

“La religión es quien ordena la transgresión de las prohibiciones”, insiste Bataille. El “No matarás funciona prácticamente como una incitación a matar.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La memoria


Días antes de la muerte de Néstor Kirchner( de esa dolorosa fatalidad que nos sorprendió cuando muchos creíamos que esta vez íbamos a poder eludir nuestro destino) cierto progresismo estaba atacando, tal vez el aporte menos discutible de su gobierno:la política de derechos humanos.

Mucho se ha dicho sobre este tema pero hoy, a modo de homenaje y también como una manera de mitigar el dolor por su muerte, quiero agregar un aspecto menos comentado.

Durante los años noventa la militancia en derechos humanos funcionaba, en la mayoría de los casos, como una fuga hacia el pasado. Por estos días Martín Caparrós recordaba una frase que en su momento observé como una señal de lucidez: Hay que olvidar los 70, dijo después de sacar el segundo tomo de “La Voluntad”. Ese gesto era mucho más complejo de lo que parece. Por un lado investigaba sobre la militancia setentista (es decir convertía el ejercicio de la memoria en un volumen histórico) pero por otro lado señalaba algo que estaba ocurriendo en ese momento. Los derechos humanos funcionaban como un desvío para refugiarse frente a las frustraciones de ese presente. Mientras vivíamos en una época que nos expulsaba como protagonistas, donde no podíamos intervenir en la realidad para transformarla, los años setenta se idealizaban cada vez más. La memoria se convertía en un ejercicio regresivo.Pero pasaba algo mucho más importante: la discusión sobre los setenta y la militancia en derechos humanos se volvían tareas inofensivas. El poder parecía exclamar : déjenlos conformarse con el recuerdo. Muchos progresistas adherían a esas causas porque las consideraban perdidas, es decir con poca posibilidad de incidir sobre la realidad.

En una charla en el Foro Gandhi, un prestigioso intelectual del campo nacional y popular (no recuerdo si era Dardo Scavino o Nicolás Casullo) advirtió que la frase “No se olviden de Cabezas” la podíamos estar diciendo cualquiera de nosotros o sus asesinos. Es decir, los asesinos también quieren que recordemos.

La gran transformación que realizó Néstor Kirchner fue convertir esa política de derechos humanos y esa discusión sobre los setenta en presente. Todavía muchos progresistas, unidos sin quererlo a la peor derecha, no le perdonan que haya convertido el fracaso en una posibilidad de justicia, que haya trocado la derrota en una forma impensada de la victoria.

Lejos de la crítica más trillada de ese progresismo donde se alista Caparrós al sostener que “el kirchnerismo se ocupa de los derechos humanos de los setenta y no de los derechos humanos del presente”, el verdadero cambio de Kirchner, el dato novedoso, fue que esa política de los derechos humanos se articuló con la coyuntura y se convirtió en una intervención historiográfica. El error de Caparrós es no haberse permitido cambiar y reconocer que esa formulación de los noventa perdía sentido a partir de las decisiones concretas tomadas por los gobiernos kirchneristas. Cuando lo escuché hace unos meses recurrir a esa frase sin la menor posibilidad de admitir la variable histórica a la que había sido sometida, comprobé una vez más que su soberbia reside en exigirle a los otros acciones que él es incapaz de realizar.

Por un lado están los juicios con todos sus riesgos. La desaparición de Julio López es la prueba más dolorosa de la vigencia de ese poder militar sobre el presente.

También está el conflicto con el diario Clarín, el modo en que se apropiaron de Papel Prensa y de los bebés que eran por ese entonces Marcela y Felipe. ¿Por qué el progresismo de Lanata y Caparrós rechazan esta contienda? No sólo por narcisismo, por la pose superficial de querer llevar siempre la contra, sino porque eran justamente ellos los que, contrariando su discurso, se ocupaban de esos temas cuando estaban cautelosamente destinados a formar parte del pasado. Cuando el gobierno decide traerlos a nuestro presente, cuando funcionan como el disparador para cuestionarnos el relato de Clarín, cuando se exponen pruebas, acusaciones, testimonios que delatan torturas, robos, apropiaciones, defender los derechos humanos implica asumir las consecuencias que se hacen carne en esta palpable actualidad.

Entonces el empeño por quitarle verdad a una política que en su institucionalización instala un piso común de reconocimiento a una serie de reclamos básicos que esos mismos progresistas defendían. Se dirá que jamás los Kirchner se ocuparon de los derechos humanos, que sacan ventaja política, que hacen demagogia, cuando en realidad vuelven a iluminar conflictos que incomodan a una sociedad que, como decía Casullo, siente una culpa no asumida por su comportamiento durante los años del terrorismo de estado. Hablar de los setenta es hoy una incomodidad porque nos reclama un cuestionamiento sobre nuestra propia historia y sobre nuestras acciones del presente, más allá de que hayamos o no vivido esa época.

Ya comenté en un post escrito en pleno conflicto con la patronal rural, ese texto de Beatriz Sarlo donde le reprochaba a Cristina Fernández, vincular a esa sociedad rural que presidía Luciano Miguenz, con aquella que había apoyado numerosos golpes de estado. ¿Por qué ? , me preguntaba en ese entonces. Porque al articular lo coyuntural con lo histórico la discusión toma otra envergadura y el conflicto se profundiza. Si olvidamos, si dejamos de medir a nuestro contrincantes desde su devenir histórico, podemos eludir con más facilidad el conflicto.

La crispación de Néstor Kirchner no era más que un modo de hacer palpable en un cuerpo la voluntad de justicia. Porque el tema de los derechos humanos recuperó su dimensión histórica y su presente, exacerbó el conflicto. Hacer del pasado presente para resolverlo y efectivizar una forma de justicia es abrir el espacio para que los hechos de ese pasado tengan consecuencias. Y las consecuencias nos salpican a todos. Vivir en un país donde las acciones producen consecuencias fue el gran logro que facilitó Kirchner. La impunidad implicaba que el pasado dejaba de ser peligroso.

Dije sobre ese texto de Sarlo que la prestigiosa intelectual argentina realizaba una apología del olvido al pedirle a la Presidenta desligar a la sociedad rural de su trama histórica.

Junto a la cureña, en plena capilla ardiente, se vio otro modo de hacer presente los derechos humanos. Vimos explotar por las calles la ciudadanía. Ir a llorar a Kirchner fue revelarse sobre la sentencia que decía que nombrarlo era en sí mismo una infamia. Esos gritos, esa necesidad de expresarse, de decir “Fuerza Cristina”, eran un modo de manifestar un sentimiento que estaba condenado a permanecer oculto. Éramos mirados de costado si defendíamos al gobierno, frases macartistas negaban nuestra existencia. Se daba por descontado que todos pensaban igual. Tantos aceptaron que el kirchnerismo estaba agonizando que decenas de miles tuvieron que salir a mostrar su deseo de que no terminara.

La muerte de Kirchner nos duele y lloramos frente a todos, perdimos la vergüenza. Él nos enseñó a dejar de lado los modales cuando tenemos que pelear por nuestros derechos. La historia no se construye con prolijidad, sino despeinados y desalineados.

De todas las frases que escuché por estos días me quedo con una: “Fue el político que me sacó la venda de los ojos”, dijo un señor cercano a los sesenta. Me resulta difícil encontrar un ejemplo que señale con más evidencia el modo en que Kirchner convirtió la discusión sobre el pasado en presente.

sábado, 6 de noviembre de 2010

La escritura cartonera


Una versión de esta nota se publicó el viernes 29 de octubre en el diario Página/12

Por Alejandra Varela
Hundir la mano en una montaña de hojas y sacar de allí la palabra enterrada que delata un amor homosexual oculto y reprimido entre Kracauer y T. W Adorno, sólo posible en el no lugar del lenguaje. O descubrir como una perla la ambigüedad sexual de un icono del cine mudo, Conrad Veid, quien interpretara a César en“El gabinete del doctor calegari.“ Este ejercicio de hurgar en lo lateral con pretensiones de maldito, palpita en el libro“Cuadernos”que por estos días vuelve a ubicar el nombre de Juan José Sebreli en las mesas de novedades .
Una escritura de borrador, plagada de historias prescindibles. Bocetos de un flänuer que ha decidido cambiar la calle por las hojas manuables de una libreta, fácil de llevar a un café y registrar el fluir de una conciencia maligna que rastrea en las comunidades masculinas de la Alemania de principios de siglo, para cruzar un apunte nada azaroso sobre los escasos amores perdurables de Carlos Gardel en tensión con sus amistades varoniles eternas.
Si existiera un hilo conductor entre las anotaciones casuales que Sebreli impone al amparo de un estilo benjaminiano, sería esa capacidad de reconocer la homosexualidad como un modo de mirar, de iluminar aquellas relaciones que durante mucho tiempo fueron apenas insinuadas en el cine y la literatura. Allí está su ojo, narrando desde la complicidad de quien sabe reconocerse en ese tono decadentista en el que se escuda Thomas Mann para escribir su“Muerte en Venecia”
En la acumulación de notas, en el modo conflictivo de unir sus devaneos, Sebreli intenta plantar otra idea de la que se desentiende cómo si evitara el combate. Se la tira al lector para que comparta ese delicioso morbo de escarbar en el deshecho de papeles, de disfrutar de una escritura sin argumentación, sin investigación, sólo afirmada en el placer ocioso de escribir.
Pero se asoma otra capa en este libro de editorial Sudamericana.“Cuadernos” podría ser un intento autobiográfico de Sebreli, construido a partir de las escenas abandonadas para“El tiempo de una vida”. Sin embargo el autor surge como un personaje de sus relatos pero a la vez se esconde. Luce amistades de apellidos ilustres, piezas de una aristocracia perdida ,como alguien que espía contra el vidrio a una clase social a la que no pertenece pero que utiliza para construir crónicas donde ciertos personajes extirpados de su linaje se convierten en la expresión de su decadencia.
Dialoga todo el tiempo con un texto al que pareciera querer imitar, el voluminoso diario que escribió Adolfo Bioy Casares sobre sus domésticas conversaciones con Borges pero Sebreli no se anima a dar ese paso, prefiere quedarse en la indeterminación de quien se evade y hace de la fuga una estética .
Su estilográfica ata al cuaderno de apuntes un catálogo de raros donde la homosexualidad y la andrógina son también una pose que se ostenta, una culpa nunca resuelta para Oscar Masotta, un recurso trasgresor para Osvaldo Lamborghini. Sebreli deconstruye sus disfraces, desnuda lo que otros trasvisten. La escritura siempre es ficción, aunque sea el testimonio de un recuerdo. Sebreli recupera esa forma extrema de la crítica que aprendió en sus amistades juveniles con Carlos Correas y Masotta, al transcribir la vieja costumbre de hablar mal del otro. El fantasma de Correas lo aplasta porque “Cuadernos” no llega a ser un ensayo negro como lo fue“Operación Masotta”. Sebreli se presenta como un escritor marginal pero ya nadie puede creerse la invensión de su personaje.
En sus descripciones traza islotes que hacen evidente las grandes ausencias. Los trazos que reducen la experiencia homosexual actual a la agrupación “Putos peronistas”, que para Sebreli expresa una imposibilitada histórica, o la manera en que el sistema vuelve en objeto de consumo el cuerpo de un joven taxi boy ,encandilan el silencio de Sebreli hacia los últimos derechos conquistados.
Tal vez exista una nostalgia no asumida por aquellas épocas donde ser gay implicaba un lenguaje enmarañado, intrincado y perciba la visibilidad de estos tiempos como una simplificación a la que observa sin entusiasmos.

domingo, 31 de octubre de 2010

Dios no existe


Parecía que esta vez era posible, que íbamos a eludir la fatalidad argentina que atraviesa nuestra historia. Tal vez por esa razón cuando la noticia de la muerte de Néstor Kirchner llegó con la fuerza del viento de la Patagonia corrimos a mares hacia la Plaza de Mayo.
Fue un círculo. El día que asumió como Presidente fueron muchos los que salieron de sus casas emocionados cuando escucharon que recordaba la Plaza del 73. Él había sido uno más de los jóvenes que festejaban la llegada de Héctor Cámpora al gobierno y mucho otros de su generación, que observaban el discurso de asunción con recelo y desconfianza, dejaron la sobremesa dominical de lado y se fueron a la Plaza derribando millones de prejuicios.
Néstor nos enseñó a poner el cuerpo por nuestras ideas, a ser más valientes, a confiar en nuestro protagonismo. Los festejos del Bicentenario no fueron puro despliegue de imágenes como dijo Josefina Ludner, fueron la posibilidad ritual de encarnar la historia. Porque recuperamos nuestro lugar en Latinoamérica, porque revisamos críticamente nuestro pasado, porque vencimos al destino de fracasos, nos lanzamos a festejar durante cuatro días. Éramos un pueblo que teníamos muy en claro lo que queríamos y nos sentíamos orgullosos de ser argentinos.
Durante dos siglos distintos gobiernos nos educaron en una cultura de la auto degradación que tuvo pequeñas interrupciones como los dos mandatos de Juan Perón . Ser argentino era sinónimo de imposibilidad. Estábamos destinados a soñar lo que nunca íbamos a tener. Una clase dirigente se ocupa permanentemente de convencernos de que nuestra auspiciosa realidad de todos los días es un espejismo. Primero fue el viento de cola que permitió mejorar los ingresos, crear fuentes de trabajo, conseguir la quita más importante de la deuda al Fondo Monetario de la historia. Pero cuando el viento de cola vino de frente, cuando la crisis internacional estalló y nosotros seguimos consumiendo y mantenemos nuestro nivel de vida porque logramos nuestra soberanía económica, se quejan porque la Presidenta no asume la crisis. Se les hace intragable que se anime a darle consejos a los países europeos. Nosotros no estamos para eso, siempre nos enseñaron a afirmar que Europa era el paraíso que debíamos copiar y ahora esta mujer se anima a tirar abajo la propaganda más añeja de la oligarquía argentina.
El velatorio de Néstor Kirchner fue un acto de movilización popular donde todo el que se acercaba a la capilla ardiente quería hacer oír su voz. El kirchnerismo es un gran
constructor de ciudadanía y en la despedida del ex Presidente estallaron las singularidades. Carteles hechos a mano, adornos florales caseros y gritos. El pueblo dijo en todas sus formas, en todos sus tonos de voz que iba a acompañar a Cristina, que iba a cuidarla como ese día de la caminata latinoamericana en la fiesta del Bicentenario. Cristina, Néstor, ocho presidentes de América Latina abrazados por el pueblo.
Es difícil transmitir la sensación de hermandad que palpamos por estos días. Está el dolor como vacío, como desamparo, pero existe la certeza de que somos muchísimos los que estamos dispuestos a defender lo conseguido, que pensamos similar y estamos con la atención puesta en los mismos temores. Alertas y en comunión.
Movilizarse durante estos años fue un modo de darnos visibilidad frente a un discurso mediático que nos negaba. El pueblo no quiere a los Kirchner, repetían una y otra vez los medios hegemónicos. Sujetos sin organización partidaria se convirtieron en militantes espontáneos decididos a discutir con el vecino, los amigos, los compañeros de trabajo sobre los cambios maravillosos que había traído a su vida el kirchnerismo y ellos parecían no querer aceptar.
Manifestarse era el mejor argumento contra la derecha que tuvo efímeras capacidades de movilización durante el conflicto con el campo. La diferencia es que ellos se mueven por intereses y el pueblo por convicciones. Durante el Bicentenario los ruralistas intentaron organizar un festejo paralelo que se vio aplastado por los seis millones de personas que asistieron a los festejos oficiales.
Estuvimos juntos en la felicidad y el dolor. Hicimos de todas esas instancias un acto colectivo. Dejamos de ser individualidades. Tantos golpes para que en el Bicentenario de la patria naciera el pueblo. Esa palabra que despertó burlas durante los noventa, ya considerada demodé, reciclada por una izquierda de museo, hoy es una realidad. Murió Néstor y nació el héroe colectivo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Morir en Barracas


Existen importantes sectores políticos en nuestro país, especialmente vinculados a la derecha, que entienden la política desde el lenguaje de la muerte. Su modo de intervención está vinculado a reducir la acción de los sujetos al máximo. Los sujetos no pueden reclamar, no pueden recibir un salario justo, no pueden plantarse como protagonistas de un momento histórico, no pueden tener proyectos y esa negación de sus posibilidades los lleva a pensar la muerte como un modo de hablar de la política, como un idioma en el que ellos se presentan para establecer, a partir del terror y el dolor que toda muerte presenta, una nueva imposibilidad.

La pregunta, frente al reciente asesinato de un militante es ¿de que modo aquellos que nos proponemos intervenir políticamente nos paramos frente a esta estrategia de la muerte? ¿Cómo combatir la política del crimen sin reproducir sus métodos?

En las tragedias griegas los dioses diseñaban terribles fatalidades para los reyes y príncipes como un modo de demostrarles que su poder era muy endeble, que nada podían hacer frente al dominio divino. Los hechos de Barracas quieren señalar que el verdadero poder es otro, no el que está en la Rosada. Hay otra fuerza que le hace pito catalán a los propósitos de la Presidenta. Si ella dice que su gobierno no va a reprimir ellos le tiran un muerto para responderle: tus objetivos no valen nada para nosotros.

Elisa Carrió, Morales Solá formaban el coro que pedía a gritos un muerto. El muerto vale para ellos, en la medida que frustre un proyecto político. Su modo de entender la vida es claro. El militante que cobra entidad para ellos es el militante muerto. Allí asume un nombre quien antes fuera anónimo. La izquierda también se exalta con sus muertos porque es el único modo que encuentran de conseguir protagonismo. Ellos adquieren entidad en el disturbio, la crisis, el despelote. Se trata de sectores incapaces de construir, de pensar la política desde la acción, desde la creación de posibilidades, desde la concreción de mejoras notables en la vida de los sujetos. No sólo no pueden realizar esta política sino que sienten una profunda envidia hacia quienes logran llevarla a la práctica.

En la discusión del “No matarás” que hace unos años efectuara Oscar Del Barco, había un dejo de tragedia y de resignación que se respiraba en sus enrarecidos textos. Existe una derecha asesina frente a la que no hay posibilidad de defensa. El único camino que le queda al pueblo es la mansedumbre. Antes que identificarse con el asesino y reproducir su lógica es preferible ser víctima. Por supuesto que mi interpretación de Del Barco es hereje. Pero no estoy intentando explicar sus textos sino decir aquello que para mi se desprende de sus formulaciones.

Toda muerte que se desarrolla en un escenario político social tiene múltiples significados. Es imprescindible desentrañar el sentido que tiene en cada uno de los contextos. El asesinato de Kosteky y Santillán señaló los límites del gobierno de Eduardo Duhalde. El presidente interino no podía controlar la situación de crisis social por la que atravesaba el país y tomó la decisión de reprimir como un modo de capturar el control, de manejar los hechos.Fue un error político que padeció, que frustró sus deseos de continuar como presidente pero se trató de un error inevitable porque estaba en la lógica de su concepción política.

El asesinato de Mariano Ferreyra surge de sectores sindicales contrarios al gobierno y se articula perfectamente con las acciones de una oposición que necesita imperiosamente que este modelo llegue a su fin para beneficiarse económicamente con la crisis y el ajuste. Pero no es sólo eso. Estos pingüinos, esta mierda oficialista, le está haciendo creer a la gente que puede ser protagonista, que puede tomar las riendas de la historia, que puede pensar, escribir sus ideas en la web, criticar a periodistas impolutos, exigir y pedir una vida mejor. En estos siete años nos reencontramos con muchas de nuestras capacidades y ese es un aprendizaje inolvidable. En los noventa sentíamos que no podíamos nada, que teníamos que resignarnos e intentar zafarla incluso ,pisándole la cabeza a nuestros amigos, ahora nos sorprenden nuestras convicciones, defendemos los que pensamos y nos bancamos los riesgos y esto es mucho más peligroso que una paritaria.

Los que matan nos quieren convencer de que nuestra vida está en sus manos, que nos pueden hacer desaparecer, que no somos absolutamente nada más que títeres que debemos amoldarnos a sus intereses. Mientras que, casi como una paradoja quieren encender otra acción, aquella que pueble las calles de marchas contra el gobierno para señalarlo como el responsable de esta muerte.

Es una manera de ponerle límites al kirchnerismo. Insisto, es urgente pensar de qué modo debemos combatir y trazar estrategias frente a un contrincante de estas características sin compartir sus métodos. Porque nos vuelven a instalar en el enunciado que sostiene que la lucha política se resuelve en la guerra. Quienes se rasgan las vestiduras por la crispación, por la persistencia en el conflicto, pretenden responder al conflicto con la aniquilación del otro.

Estamos enfrentándonos a un adversario que no tiene escrúpulos, por eso hay que ser lucidos y adelantarse a los hechos. El gobierno tendría que haber estado advertido de que una situación así podía ocurrir y desplegar acciones para impedirla.

sábado, 23 de octubre de 2010

Río plateado


Una versión de esta nota salió publicada el viernes 15 de octubre en el diario Página/12



Por Alejandra Varela
Copi es el nombre de una personalidad avasallante. Con su cadencia desvergonzada se abre paso derrumbando mitos. Su escritura se ofrece en una verborragia incontenible.
Copi miente la autobiografía, mientras se acerca a la Argentina con desconfianza y reparos. Hace estallar la identidad que vive en las contradicciones de su propia familia, poblada de uniones imposibles y de fabulaciones extremas . Copi imita a su abuela Salvadora Botana y de ella aprende que el testimonio es la excusa para la ficción. El lector que se atreva a posar su mirada en “Río de la Plata”, el último texto que se asoma en el primer tomo de las Obras Completas que por estos días presenta Anagrama, no deberá ser incauto ni confiado. Copi se reirá de él sin piedad. Jugará a hacer de la autobiografía el territorio propicio para el disparate, la exageración y la aventura.
Pero hay un rincón donde se encuentra una cuota de indulgencia. Copi parece temerle a la verdad. Según la inteligente mirada de María Moreno, autora del prólogo, la identidad es peligrosa en su revelación . No sólo porque en la historia familiar de Copi hay crímenes y fantasmas shakespearanos, sino porque la identidad sexual de la Argentina toda, es inspiradora de la más desconcertante y burlesca descripción.
Copi mezcla el psicoanálisis paródico con la mirada extrañada al proponer que en la Argentina los micros son lugares propicios para el toqueteo, que en todos los cines se hace el amor en la platea menos en la cinemateca, que la homosexualidad es en realidad una costumbre absolutamente naturalizada ,ya que los niños y adolescentes del mismo sexo comparten la cama y los vestuarios, que en toda casa hay un gay en el closet que es considerado como asexuado, inteligente y moderno, al que se le hace pagar el precio de mantener a sus padres mientras guarde sus romances en el lugar de la aventura episódica. Y es piadoso porque le quita dramatismo a este costumbrismo obsceno (por lo fuera de escena) para señalar que todos saben y callan porque también practican el secreto. “Los porteños de todas las edades tienen con frecuencia moretones en el cuello que esconden con un pañuelo o que hacen pasar por picaduras de insectos”. Declara al borde de la risa, en esta suerte de sexualidad clandestina que se oculta más allá de las vidas convencionales pero que flota en la superficie bajo la forma de un chupón delator.
Copi utiliza el cliché para ser concreto, para ser gráfico. En su “Eva Perón” destrozó la metáfora al darle el cuerpo de un travesti. Si las personas de su bando (las que odian al peronismo, los famosos gorilas) acusaban a Eva de ser el hombre de la pareja por qué no convertir esa palabra en carne y esa carne en la posibilidad ridícula de sobrevivir.
Copi vuelve absurdo el ritual de lo sagrado. Su muerte fue una escena de excesos, locas extasiadas entre güisqui y joint y un hermano machote tratando de conquistar a la enfermera, mientras un Copi moribundo alardea de ser el más vanguardista al morir de Sida antes que todos.
Copi dibuja un Río de la Plata expresionista. Sin matices pero en tránsito. Hace de la huída, del “orgullo del perseguido” una peripecia donde sólo hay fatalidad cuando se pronuncia la palabra peronismo.

domingo, 17 de octubre de 2010

Quemá ese libro


En el año 2007 me enteré que editorial Sudamericana había decidido retirar de la venta el libro “Cooke” del periodista de Editorial Perfil Franco Linder. Le comenté esta situación bastante poco habitual a la editora de Clarín con la que trabajaba en ese momento y se interesó en hacer una nota sobre semejante noticia . Le entregué el material que pueden leer a continuación que jamás se publicó sin que mediara una explicación al respecto. Tampoco hubo comentarios por esos días sobre un hecho francamente insólito. Me parece interesante recuperar hoy un texto que vuelve a tener cierta actualidad.

Por Alejandra Varela
Esa fascinación por convertir los hechos de la historia (la que se escribe con mayúscula y la inmediata que se digiere y consume bajo el nombre de noticias) en materia literaria, en un texto tan disfrutable en su lectura como una buena novela, le costó cara a Franco Lindner.
Su libro “Cooke, el heredero maldito de Perón” fue retirado de la venta por Editorial Sudamericana debido a la querella presentada por el empresario Héctor Villalón al sentirse agraviado por el modo de ser retratado dentro de esta historia.
Villalón es un empresario argentino radicado en Brasil. Su itinerario político despierta el interés literario: perteneció a Tacuara, a las Fuerzas Armadas Peronistas (F.A.P) y su nombre se mezcla tanto en el entorno menemista como en la guerrilla de los setenta. Fue la conexión entre Juan Domingo Perón y el gobierno cubano en los años del exilio del general en España. Encargado de organizar el ala combativa del movimiento peronista, consigue, gracias a John William Cooke, la explotación oficial del tabaco cubano en varios países de Europa como un modo de financiar el proyecto político peronista que, por ese entonces, tenía la simpatía y el apoyo del gobierno de Cuba. En varias publicaciones, firmadas por Pacho O’Donnel y Rogelio García Lupo, entre otros, se menciona que Perón le escribe a Fidel Castro denunciando que el importante beneficio económico generado por este negocio jamás llegó a sus manos ni a su movimiento. Muchos afirman que éste habría sido el origen de la fortuna de Villalón.
Pero Lindner convierte estos datos en una escena donde el mismísimo general increpa a Villalón y descarga sobre él el insulto de “estafador”. La vehemencia dramática de Lindner no le gustó nada a Villalón quien se negó a leer esta historia como una novela y pidió pruebas. Hizo uso de su talento para la querella. Y para eludir a la justicia.
Señalado como el artífice del secuestro del Presidente de la Fiat-Francia, Luchino Revelli-Beaumont en 1977 y mencionado en varias investigaciones sobre el lavado de dinero en los años del menemismo, Villalón se presenta como una figura astuta para liberarse de los cargos que pesan sobre él y temible a la hora de enfrentar sus acusaciones. Por esta razón, tanto el autor como los editores de Sudamericana, decidieron resolver el asunto extrajudicialmente.
“Ir a juicio iba a costarle mucho dinero a la editorial y yo no podía garantizarles que íbamos a ganar”, explica Lindner. “Si bien contaba con testigos para fundamentar mi afirmación se trataba de fuentes orales que no sabía si me iban a responder al momento del juicio porque, en la mayor parte de los casos, habían hablado off the record”
El mismo autor considera que “el libro no tuvo mucha repercusión. Si hizo una tirada de 5 mil ejemplares y se vendieron 2 mil. En términos económicos no tenía sentido ir a juicio por 3 mil ejemplares.”
Existe un acuerdo entre las partes que determina que, en caso de reedición, se deberá suprimir o modificar el párrafo mencionado pero para Lindner se trata de un capítulo cerrado: “todo esto me desgastó mucho y perdí interés”.
Juan Gaspari, autor de “Manuscrito de un desaparecido de la ESMA. El libro de Jorge Caffati”, agrega que al desencadenarse este conflicto recibió una llamada del abogado de Villalón interesado por conocer la suerte que corría su defendido en dicha publicación. También le confesó que estaba en la mira Pacho O’Donnel por su biografía”Che. La vida por un mundo mejor”, donde también se cuentan las andanzas de Villalón entre Cuba y Puerta de Hierro. Lo cierto es que ninguno de estos libros tuvo que ser retirado del mercado como ocurrió con el material de Lindner. Villalón encontró en ese texto cierta vulnerabilidad y, finalmente, logró su cometido.
Los episodios relatados por Lindner se repiten en numerosas notas y libros de investigación periodística pero tal vez en este caso la construcción narrativa le dio fragilidad a un texto que no pudo defender por sí mismo su solvencia documental frente al deseo ficcional del autor.

viernes, 15 de octubre de 2010

El retiro


http://zonaliteratura.com.ar/?page_id=895



“No es un hombre sino el mundo el que se ha vuelto anormal”
(Antonin Artaud)


Dejé la casa esa noche, convencido de que no volvería nunca. Nadie me habría tomado en serio con una valija llena de dibujos y pocos billetes que en unos días podían no valer nada. Pero lo más ridículo del equipaje era mi documento: un papel y una foto que ya no servían, propias de un hombre al que habían declarado inexistente.
Sabía que tenía que salir de la ciudad antes de que llegara el día. Sino estaría más cerca de convertirme en uno de los personajes de mis historietas que a un hombre: “Un hombre” Dije en voz alta esa frase sin entenderla, mientras las risas de unas prostitutas que corrían por una calle cercana me recordaron mi odio a toda palabra que implicara un orden, una forma de civilización. ¿Por qué ahora me aferraba a la idea de hombre que siempre había combatido?, ¿por qué necesitaba mi parte humana esa noche cuando había decidido no pertenecer a esa raza que se desmoronaba?
Dejé, entonces, mi saco y mi sombrero de profesor burgués en el banco de una vieja estación y usé las vías del tren para guiarme en mi partida. En esa noche no había una imagen posible. Sólo la mía. Por momentos levantaba el brazo para mirarme y mis manos parecían irradiar una luz que las hacía visibles. Pero eso sólo pasó al comienzo, en los primeros kilómetros. Después me di cuenta de que era yo quien deseaba verme y me imaginaba brazos y piernas grotescos y exaltados. Soy un dibujante, puedo crear contornos, formas. Estoy vivo gracias a ese don, a lo que puedo imaginar. Cualquier soporte me sirve, no necesito el papel. Siempre estoy creando y esa noche me puse a dibujar mientras cargaba una maleta
inútil, sólo para entretenerme.
Avanzaba la madrugada cuando decidí que pintar árboles y flores podía ser más interesante que insistir con la figura humana, aunque por ese entonces ya había hecho de ella un fantasma o un monstruo, casi diría una mutación ridícula, una mezcla feroz del hombre con el animal. ¿A quién dibujar ahora? ¿A mendigos que tiran del carro para convertirse en pequeños tiranos? ¿A hombres de letras encandilados por una voz que les quita las palabras? Quisiera ser como Goya que se pintó comiéndose a sus propios hijos.
Algunos ya habían mencionado ese sonido. Era una especie de trompeta pequeña (nunca supe nada de música) que imitaba el canto de un gallo. Así, contaban otros, se escuchaba la primera vez, después no era más que una trompeta desafinada que anunciaba la llegada del día. Supe que ya estaba cerca, que ese sonido marcaba un final, el cierre definitivo con esa ciudad que había abandonado. Ya no corría peligro de arrepentirme, de desear el regreso y me sentí bien, casi feliz, orgulloso de este ínfimo logro que anunciaba otra vida.
Divisé el alambrado y noté que la puerta de entrada estaba apenas abierta. Las primeras imágenes del día eran auspiciosas: Un hombre semidesnudo me mostraba con una sonrisa las marcas de la gangrena en el brazo. Era así, idéntica a esa imagen, la caricatura que había dibujado antes de salir de mi casa. Sabía que estaba en mi valija y se la mostré. Él me miró complacido, hasta diría agradecido, y se perdió entre los otros. Yo supe que había logrado mi propósito: un mundo igual a mis dibujos. Si todo artista inventa aquello que quiere vivir, yo podía llamarme un privilegiado. Antes de entrar a Gott min us (así se llamaba el lugar a donde había decidido pasar mis últimos años) decidí sacarme los
zapatos.

lunes, 11 de octubre de 2010

Educación sentimental o el off del Nuevo Cine Argentino


Esta nota se publicó en el año 2007 en la revista La Mujer de mi Vida

Por Alejandra Varela
Contar una historia no es algo tan diferente a construir una vida. Se necesita de una mirada atenta hacia el mundo y de un esfuerzo de auto conocimiento, de un amor hacia la experiencia y de una combinación, no siempre equilibrada, de astucia y audacia.
Si cuatro jóvenes profesionales del cine, involucrados en el, así llamado, Nuevo Cine Argentino, se unen para hacer su ópera prima ¿dónde deberían buscar inspiración? ¿En la calle, recurrir una vez más a los no actores y contar la miseria desde la mudez y los tiempos muertos? ¿O tal vez, reflejar el aburrimiento y la desesperanza de una clase media incapaz de actuar? La sorpresa es que Eva Bär, Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker encontraron la anécdota que querían contar en ellos mismos.
UPA (Una película Argentina) estrenada y premiada en el último Bafici, organiza su trama con las peripecias que deben transitar tres personajes que deciden filmar en Buenos Aires. ¿Lugar común? ¿Autoreferencialidad? Podría ser pero si los sujetos filman como viven y si sus vidas son personales, si se trata de jóvenes despiertos que participan del cine independiente pero que toman distancia y son capaces de cuestionar los modos seguros y aceptables que se fueron institucionalizando con el tiempo, es decir, si cada apuesta puede contener una pluralidad, entonces se estructura un relato que involucra y suma, que rompe el cerco y no le habla sólo a los especialistas.
UPA es una intervención, casi una investigación social espontánea que se construye en la dinámica marcada desde la escucha atenta a ese público que les preguntaba: “¿Hiciste una película? ¿Y pasa algo?”, a la elaboración como realizadores que confiesan: “Teníamos todo el tiempo al espectador en la cabeza” Suena raro ¿no? Suena a esas frases que ya no se escuchan, exiliadas totalmente del lenguaje de los jóvenes cineastas. UPA ilumina un nuevo espacio, tal vez el off del cine, como lo define Tamae Garateguy, donde se da de nuevo sin el resguardo de subsidios ni exigencias for export pero, además, es una lupa puesta en el mundo del cine.
Camila Toker, esa figura rubia y pequeña que se desliza, no sin contundencia, en las películas de Celina Murga y Juan Villegas, explica de un modo totalmente terrenal como entiende el desarrollo de su film: “Podrían ser tres que se juntan para poner una peluquería y les pasan cosas inherentes a su actividad pero también se enfrentan a las condiciones que se imponen hoy en Buenos Aires.”
Hacer cine no se diferencia de otro trabajo porque es eso, un oficio que requiere de la voluntad y el aporte colectivo. Entonces los realizadores/actores no tienen pudores en repartir chupetines que sirvan para promocionar su film en las salas del Bafici donde “falsos fóbicos”, como los define Tamae, se horrorizan e incomodan al reconocerse como colegas de estos descarados que adoptan los métodos de los teatristas independientes.
“Les pareció un asco, una mersada”, declara Camila “porque la figura del director de cine es una persona afligida, nihilista que con el seño fruncido habla del existencialismo”
UPA recupera la idea de cine como diálogo, donde un director no impone sus obsesiones al espectador, sino que se ocupa de su permanencia placentera en la butaca y le ofrece una historia veloz, divertida, repleta de situaciones, donde cada escena está compuesta de distintos niveles narrativos y donde se expone el carácter de indispensables que tienen todos los participantes del film.
“Lo que le da bronca a alguna gente de cine es que el director no sea el protagonista”, sostiene Santiago Giralt, compañero de ruta en los films de Albertina Carri, “nosotros quisimos romper con ese monoprotagonismo del cien argentino y aquí la película se abre a todo el equipo técnico”.
La experimentación, en este film, pasa por indagar en una manera de ser argentino que pueda darle una forma estética y dramática al comportamiento cotidiano. El humor podría ser el género que describa esa particularidad. “En general, el humor tiene que ver con un reírse del otro. Falta implicarse”, reflexiona Tamae y Camila discute: “Si bien no existe como género, sí existe en el comentario de café, es muy argentino esto de recurrir a la risa para contar las propias desgracias”.
Entonces se diagnostica, una vez más, el divorcio entre los cineastas y la realidad, donde llama la atención la parquedad que abunda en los films argentinos.”Yo no veo a ningún mudo a mi alrededor. Conozco más gente con ataques de pánico que con ataques de silencio”, estalla Santiago en un tono desopilante. “¿Qué pasa? ¿No saben escribir diálogos? ¿O hay problemas con la dirección de actores?”
La acción como conflicto dramático y como materialidad de producción organiza el film en todas sus etapas. Fundamentalmente porque esa acción está contenida en el cuerpo de los cuatro realizadores. Sus protagonistas/directores la exponen en el trabajo actoral que es la guía dramática de un texto no escrito como guión previo, sino armado a partir de las improvisaciones. Continúa en el montaje que es la mirada narrativa externa, encargada de señalar aquello que se debe construir en el set y será un sinfín en la intensidad con la que los directores asumen esos roles vedados para los cineastas profesionales.
En “La noche americana” de Francois Truffaut hay una línea de diálogo que dice: “Nosotros, la gente de cine, no tenemos vida” y no cuesta nada imaginarse a Camila, Santiago y Tamae levantándose en la platea para gritar que si se tiene treinta años en la Argentina de hoy es imposible no zambullirse en todo aquello que ocurre más allá de la pantalla. Así es como la figura del cineasta se cae a pedazos para dar lugar a la del joven que hace cine porque “cuando sos un laburante tenés más de una oportunidad, cuando te auto llamás artista antes de empezar, más de una no tenés”. Lo dice Camila Toker y no estaría mal envolverlo para el próximo chupetín

domingo, 10 de octubre de 2010

Gabriela Mistral, inédita y audaz


Esta nota fue publicada en el año 2007 en el diario Clarín

Por Alejandra Varela

Tal vez la primera escritura fue el propio nombre, ese que la joven Lucila Godoy decide dejar atrás cuando obtiene el premio literario que la convierte en mito y esfinge. Un libro de poemas llamado “Los sonetos de la muerte” inspirado, según algunos cuentan, en un enamorado de Lucila que se voló la tapa de los sesos. Puede que la historia no haya existido nunca pero la joven maestra que hizo del pudor una bandera política deberá ocultarse para hacerse visible.
Gabriela Mistral será el nuevo atuendo que llevará para convertir una biografía tormentosa, enmarañada, en la simpleza de la poeta escolar y madre virgen, la santa hecha monumento en las calles de Chile.
La muerte de Doris Dana, albacea de la obra de la poeta, ocurrida en noviembre pasado, trajo el descubrimiento de una cantidad sorprendente de textos inéditos de Mistral: poemas, cartas, fotos, borradores espontáneos que duplican el total de los textos publicados en vida. “Los pasaportes de Mistral y de su sobrino, que detallan viajes desconocidos hasta ahora. Correspondencia con Thomas Man, Jacques Maritain, Miguel de Unamuno. Y hay un conjunto de cartas no enviadas con encabezamientos de “Urgente” o “Confidencial”.Su envío habría, acaso, provocado daño a la propia Mistral, tan sincera y tan atrevida en su sinceridad. ¿Ella se autocensura o fueron Palma Guillen y Dana quienes le aconsejaron retenerlas?”
Quien hace estos comentarios es Luis Vargas Saavedra, académico encargado de la selección y armado del material para la nueva edición de las Obras Completas de Gabriela Mistral que publicará la Universidad Católica de Chile el próximo año.
Los misterios y silencios en torno a este tesoro, escondido durante cincuenta años, sugieren historias, versiones que complejizan la biografía de la autora de “Tala”. Mistral construyó una imagen de maestra abnegada, asexuada que tal vez estos textos lleguen a derrumbar generosamente: “A esta apasionada y profunda poeta (nuestra Eurípides sin dramaturgia pero con drama y dramas, eso si) Chile y algunos otros países la conocen jibarizada por ineptos programas de educación que la infantilizan”, declara Vargas Saavedra quien se muestra cauto al pensar los motivos que llevaron a Mistral a no publicar ese otro material desconocido hasta ahora: “No lo tenía revisado, se le arrumbaron, los olvidó. Hay que tener en cuenta que para Mistral un texto suyo nunca estaba listo, incluso para la edición última efectuaba correcciones, de allí la necesidad de una edición crítica. Además los continuos cambios de país, viajando en barco o en tren, generaban atrasos y olvidos de lo empacado”
No deja de despertar suspicacias el contundente secreto que mantuvo Doris Dana sobre el caudal de manuscritos destinados a quedarse en la Biblioteca del Congreso de Washington para siempre ya que la albacea literaria se negaba a que los textos tocaran suelo chileno: “La historia de la esquivez de Dana por darnos el legado de Mistral es tortuosa”, confiesa Vargas Saavedra. “Comienza con su inicial celo de guardadora de cuanto era Mistral: sus libros, manuscritos y los objetos. En esta etapa Dana efectúa algo óptimo, el microfilmaje de lo más “perecible” celulosamente. Cuando Chile, por decreto, desconocía el copyright de Dana, se negó a toda publicación de esos materiales en Chile. Con legítimo disgusto opta por Library of Congreso, en Washington. Con el cambio de régimen en Chile, tras la derrota plebiscitaria de Pinochet, se reconocieron los derechos internacionales de copyright de Dana”
Los cambios no alcanzaron para convencer a Dana al momento de responder los mails y las cartas que llegaban desde la mismísima presidencia de Chile. Para Vargas Saavedra ese recelo ha garantizado su preservación .Rescata su excesiva custodia del mismo modo que le parece acertada la decisión de la sobrina y heredera de Dana, Doris Alkinson de facilitar la vuelta a casa de los textos de Mistral, dándole a esta repatriación un carácter político, ligado al daño provocado por la intervención norteamericana en Chile al caer el gobierno de Salvador Allende.
La trama se complica al conocerse el epistolario publicado por Vargas Saavedra entre Mistral y el poeta Manuel Magallanes Moure donde se relata un amor que duró siete años, construido entre cartas y unos escasos cuatro encuentros que alcanzan para iluminar una biografía que todavía está por conocerse.
“Elizabeth Horan va a publicar este año en Buenos Aires la traducción de su libro “This America of Ours” Escrito junto con Doris Meyer. Allí se podrá leer el magnífico epistolario de Mistral con Victoria Ocampo y constatar el americanismo, el bolivarismo modernizado de Mistral y como instaba a Ocampo a colaborar en la forja de un criollismo fino”.
Se vislumbra otra Gabriela Mistral escondida en las capas de algunos amores difusos y posturas políticas contradictorias. Una mujer que no puede atraparse en la imagen del billete de cinco mil pesos chilenos que le dio la categoría de prócer.

domingo, 3 de octubre de 2010

Volteando muñecos


Parte de la riqueza y la excepcionalidad de la época que nos toca vivir tiene que ver con la posibilidad de empezar a cuestionar aquellos temas que hace unos años parecían intocables.

Dentro de esta categoría el periodismo y la justicia ocupan los lugares protagónicos. En los dos casos habían abusado de un escudo que se había tomado como una verdad irrefutable. Ciertos periodistas (me refiero especialmente a las estrellas periodísticas cuya palabra vale por el culto a la personalidad que han sabido fomentar) se protegían en la sentencia que rezaba que cuestionar al periodismo implicaba atacar la libertad de prensa. Los Supremos, por su parte, argumentaban algo parecido: la independencia de poderes se sostenía en la ausencia de opinión sobre la justicia, especialmente de parte de los funcionarios del poder ejecutivo y legislativo. Quienes eran capaces de juzgar y sancionar a los demás (sea de forma virtual o real) no podían ser cuestionados por nadie. Este era el modo en que se sostenía la democracia.

Hoy estamos generando un tipo de democracia mucho más interesante que se basa en una crítica que yo definirá como colectiva para diferenciarla de otro cuestionamiento al que llamaría individualista. El cuestionamiento individualista es el que surge como respuesta a esta crítica colectiva y que se ha expresado elocuentemente en figuras como Jorge Lanata y Martín Caparrós. Cuando Lanata exclama:” ¡Me tienen harto con la dictadura!” convierte a esa discusión, a ese cuestionamiento en un estado de ánimo meramente individual. No quiero decir con esto que esa crítica no tenga una articulación colectiva, me refiero a que es expresada como una sensación elemental, un hartazgo personal que pretende imponerse a un colectivo histórico.

Algo similar ocurrió esta semana con las enfurecidas y apresuradas críticas hacia el discurso de Hebe de Bonafini. Partieron, en muchos casos de un apuro que evitó el pensamiento. Hebe no cultiva la corrección política y siempre será más fácil criticar al que es presa de un exabrupto que al que dice las peores canalladas cuidando las formas. Es parte de la hipocresía que ejercemos todos y estaría bueno empezar a revisar. Pero Hebe, en sus palabras, no deja de tomar en cuenta el riesgo de lo que su discurso enuncia, sabe que no es un mero capricho. Hebe es la manifestación extrema de una época que a veces requiere de temperamentos embravecidos para poder sostener la complejidad de un momento histórico. Las Madres necesitaron muchas veces de esas expresiones que permitieran saltar las vallas de lo prudente.

En esas acusaciones se deshistoriza a la Presidenta de Madres de Plaza de Mayo ( y con esto no quiero decir que se convierta en una figura intocable, paso previo para construir el autoritarismo) se la aísla como si sólo se tratara de una mujer enfurecida. Dejar de hablar de la dictadura implica también banalizar el dolor, no tener un mínimo gesto de piedad hacia el que fue torturado, asesinado, apropiado. Señala el modo en que algunos sectores de la sociedad carecen de la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de entender un drama aunque no lo hayan vivido y padecido en su propio cuerpo. Esa manera de reducir la historia y lo político a mi esfera meramente individual y encima aspirar a que ese capricho se convierta en norma, no sólo se parece demasiado a la ideología del menemismo sino que también delata un modo en que la inteligencia de ciertos personajes se degrada sin que ellos parezcan notarlo.



Nuestra crítica a los medios y a la justicia se inscribe en un momento histórico, quienes la asumimos reconocemos la densidad y espesura de los conflictos a los que nos enfrentamos, el desgarramiento, los riesgos, complejidades y contradicciones que debemos asumir. Del otro lado muchos responden corriendo el cuerpo, sacándose de encima el debate sobre el terrorismo de estado como si fuera una bolsa pesada que se deja a un costado del camino. Corren a diferenciarse del discurso de Hebe (que merece ser cuestionado como cualquier arenga) para evitar el conflicto que adherir a esas palabras podría implicar, para refugiarse en su universo individualista donde siempre encontrarán una excusa para no involucrarse.Para ellos todos esos temas que provocan cansancio, aburrimiento o fastidio deberían ser eliminados de la faz de la tierra sólo porque ellos se cansaron. Añoran una época donde el conflicto estaba ausente y los deseos individuales eran la única ley, el único reflejo de lo social y lo histórico con el que valía la pena identificarse.

domingo, 26 de septiembre de 2010

La blogósfera del yo


Voy a escribir desde una sensación que intentaré racionalizar a lo largo del post. No me cayó para nada bien el episodio que protagonizó esta semana el bloguero Lucas Carrasco. Para ser sincera me cayó bastante mal y desde este malestar me propongo discutir algunas cosas que, tal vez, para muchos tendrían que quedar puertas adentro del universo bloguero.

Me sumergí en este maravilloso mundo de los blogs después del conflicto entre el gobierno y las patronales rurales. En Carta Abierta duré un mes en el que fui hiperactiva en la comisión de medios pero los tiempos de mis compañeros no eran los míos y busqué otros rumbos. Durante esta etapa en la web se desarrolló un lenguaje al que los intelectuales de Carta Abierta deberían prestarle más atención porque tiene una capacidad de llegada más intensa, sin dejar de lado la posibilidad de un análisis original.

Desde el comienzo del conflicto con la 125 entendí que había que realizar una intervención a nivel comunicacional. No se trataba sólo de informar y de procesar esa información, como claramente es necesario y urgente hacer, sino de convertir esa tarea en una intervención política y comunicacional que impacte y, desde su fuerza fáctica, vuelva comprensibles y palpables procesos que suelen quedar restringidos a l ámbito militante o al universo de los especialistas. . “6,7,8” es una intervención porque no sólo confronta, discute, debate, genera pensamiento sino que obliga a sus periodistas a poner el cuero a posicionarse y desde allí a confrontar directamente con otros periodistas, a evidenciar el detrás de la escena, a poner en crisis el concepto de objetividad.

Desde esta perspectiva el post de Carrasco fue una intervención. Dejó en claro con una impronta masiva, algo que muchos sabíamos: que el discurso de la derecha sobre el kirchnerismo y los medios es falso, que responde a una gran ficción que ellos construyen y repiten con la certeza de que existe un importante sector de la población que se lo cree. El discurso instala un miedo que no tiene una validación real pero que busca convertirse en real a partir de la ausencia de pensamiento. Si repito sin pensar le creo a Magdalena, a Leuco y a Grondona. Es fácil demonizar a Guillermo Moreno, a Hugo Moyano, a Luis Delía. Los medios se apoyan en los prejuicios clasistas y raciales, en el gorilismo, en la incorrección política. Nadie sabe como son estos personajes en realidad porque la inmensa mayoría los conoce por lo que los medios dicen de ellos y siempre existe la posibilidad de que esa personificación sea cierta. Pero cuando un terrible boludón como Leuco llora frente a las cámaras por un blog extremadamente burlón de un muchachito de provincia carente de poder, cuando el propio Leuco decide darle entidad a ¡un bloguero! la mentira se vuelve tan evidente que ya casi adquiere el valor de indiscutible. La intervención Carrasco demostró para todos aquellos que no querían o no podían verlo que las amenazas del kirchnerismo a los periodistas eran absolutamente falsas. De haber existido amenazas reales, com posibilidad de hacerse efectivas, jamás se habrían aferrado a semejante pavada.

Si fuera buena y conciliadora me quedaría con este aspecto positivo del post de Carrasco y aquí se terminó todo pero hablé al comienzo de este texto de mi malestar.

Tendríamos que ser demasiado ingenuos para negar la llamativa necesidad de protagonismo del bloguero provinciano (yo también soy provinciana que no se lea como peyorativo). El chico no quiere llamar la atención de su amada, ni levantarse minas, el chico quiere salir en los medios, tener popularidad y es claro que viene pensando estrategias para ser el bloguero estrella. A comienzos de este año me avisaron que había escrito un post tira bombas contra “6,7,8”. Fue la primera y última vez que leí su blog, me pareció una puesta en escena total. Queda demostrado que mi percepción no fue errónea porque cada vez que Carrasco va al programa de la televisión pública no pone sobre la mesa las supuestas diferencias que tiene con los panelistas. Carrasco no se proponía criticar a “6,7,8” sino generar revuelo. Muy bien, el chico se puso a pensar qué hacer para provocar escándalo y enfocó la mira en el objetivo, en el deseo máximo de la derecha: que asome un loquito K que reinstale el mito del guerrillero, que aparezca un muerto, un mártir de la derecha para sellar el fin del kirchnerismo. Allí se presentó Carrasco para convertirse en el loquito.

A todos nos gusta llamar la atención, destacarnos en lo que hacemos.Para mi fue muy gratificante que me invitaran a “Café las palabras” y que Juan Pablo Varsky recomendara mis post en su programa de radio. Aclaro esto porque al sentirme reconocida tal vez puedo hablar despejando sospechas de competencia. Mi temor, que no quiero personalizar en Carrasco a quien no conozco, es caer en la tentación de resucitar , desde nuestro minusválido lugar de blogueros, nuevamente la política entendida como una suma de escándalos. No quiero blogueros que sean el equivalente de “Quebracho” en la web. ¿Se acuerdan que los militantes del “Quebracho” en los noventa transformaban la política en vandalismo y que desde esas acciones hacían propaganda política para salir en los medios? Ellos medían su influencia política en relación a la cantidad de veces que eran invitados al programa de Grondona.

Como periodista escribí en varios medios sobre el hartazgo que me provoca la estética del yo. Poetas mirándose el ombligo, dramaturgos preocupados por imponerle sus obsesiones vanguardistas a un público acrítico. Los blog son presa fácil de este estilo. Carrasco sometió a sus lectores a las minucias de su vida personal (¿qué me importa a mi que la mina que te gusta no te de bola? ) y desde allí buscó generar un escándalo mediático que se parece demasiado a la farandulización de la política: se ventilaron chismeríos, se generó un duelo de telenovela. En el fondo sólo hay un gran ego satisfecho porque todos parecen haber respondido disciplinadamente a su propósito. No se puede negar que el provinciano es astuto.

Imponer un deseo individual, personal y privado a un entono es un acto autoritario. No me importa si en esta oportunidad sirvió para poner en ridículo a un impresentable como Leuco. Yo a este tren no me subo. Para mi no se construye nada desde ese egoísmo. Algunos buscan con su blog y sus escándalos armarse un kiosco como cualquier vedette de turno. Yo no quiero resignar la excepcionalidad de esta época maravillosa que nos toca vivir en las estupideces de un ego que no pasó por la terapia.

domingo, 19 de septiembre de 2010

La escritura o la vida


Nota sobre el libro: “Pensar en Europa” de Jorge Semprún

Frente a tanta discusión,tanto comentario cínico sobre los momentos oportunos para hablar de la tortura, el martirio y las experiencias en cáceles y centros clandestinos de detención, no pude dejar de pensar en Jorge Semprún quien confesó en su libro “La escritura o la vida” que hablar de su experiencia en Buchenwald le había resultado tan insoportable que eligió el olvido y el silencio durante muchos años para poder sobrevivir.

Me permito transcribir aquí un artículo que escribí hace tres años cuando se publicó “Pensar en Europa”

La primavera había llegado también a Buchenwald por muchas razones. No sólo porque el alambrado que había convertido a ese lugar en un campo de concentración para presos políticos desaparecía, momentáneamente, con el final de la Segunda Guerra Mundial, sino porque un hombre de veinte años, llamado Jorge Semprún, descubría que lo que empezaba con ese final era “la vida después del sueño de la muerte” o, tal vez, “el sueño de la muerte que iba a prolongarse”
Pero ese día el joven Semprún no se lanza a la calle después de tanto encierro sino que cumple, una vez más, con el ritual de sus domingos en Buchenwald: Se acerca al árbol de Goethe para despedirse. Ese árbol que acompañaba a Goethe en sus meditaciones había quedado prisionero como un disidente político más, bajo las garras del nazismo. Había soportado una bomba de fósforo de la aviación norteamericana y ese día de 1945, Semprún se tomó el tiempo para observar que algunas de sus ramas “volvían a reverdecer”
Jorge Semprún se convierte con los años en un escritor, un intelectual, que a pesar de haber nacido en Madrid, de haber luchado en la resistencia francesa durante la ocupación alemana (decisión política que le valió su estadía en el campo de concentración) y de haber establecido una relación problemática e íntima con la cultura y la lengua alemana, se define como un sobreviviente de Buchenwald y desde allí funda su identidad.
El itinerario que traza el libro “Pensar en Europa”, publicado en el año 2007 por Tusquets, es el de un hombre que ha transitado conflictivamente por la experiencia del testimonio. En su libro”La escritura o la vida” relata ese momento en el que sintió que su experiencia del horror era intransferible: “habría sido imposible sobrevivir a la escritura. El único desenlace posible habría sido la muerte”. Se vio obligado a elegir entre la literatura o la vida: “Opté por la vida pero, al optar por ésta, tuve que abandonar el proyecto vital de ser escritor. Tuve que optar por ser otro, por no ser yo mismo para seguir siendo algo: alguien”.
Con el tiempo, logra despojarse del silencio como lo demuestran la cantidad de charlas y conferencias que en “Pensar en Europa”, funcionan como catálogo de las numerosas intervenciones políticas que ha realizado Semprún en los últimos veinte años.
Tal vez, esas obstrucciones que no evitaron el pasaje hacia la escritura, estaban marcadas por el descubrimiento del Mal como algo esencialmente humano.
El poeta Erich Muhsem es torturado en el campo de concentración de Oraniemburg. Los S.S. logran dejarlo casi ciego, casi sordo. Para completar el juego deciden entregárselo a un chimpancé, convencidos de que el animal continuará con la tarea que tan hábilmente ellos llevaron a cabo, pero el chimpancé, al ver el deterioro que padece el poeta, lo abraza y acaricia.
El hombre es, ante todo, un ser débil. La aniquilación de la piedad fue uno de los pilares del adoctrinamiento nazi. Semprún recurre a este ejemplo para advertir sobre la necesidad de fundar una política basada en esa fragilidad y desnudez. Como el filósofo argentino Oscar Del Barco, hace una defensa de los mansos y reconoce que cualquier síntoma humanista ha generado fastidio y molestia también, en la acción de la izquierda.
Como una dolorosa muestra, Semprún señala que ese campo de concentración de Buchenwald que conoció la primavera en 1945 fue, años después, un campo de concentración comunista durante la ocupación Rusa en Alemania.
Esos son los datos de la historia pero Semprún logró convertir a Buchenwald en una materia contradictoria y polémica de pensamiento, en una literatura que no siempre deberá tener ese sabor a muerte que llevaría a abandonarla.