domingo, 19 de diciembre de 2010

El suplicio


Nicolás Casullo habló de una culpa no asumida de la sociedad argentina en relación a la dictadura. El desaparecido podría pensarse como la víctima del sacrificio.
La iglesia católica no asume el sacrificio en la cruz como una transgresión al “no matarás”. Al no asumir esta transgresión lo que hace es naturalizar el Mal, estrategia que le resulta útil para propagandizar la tortura. Esa violencia de su mito fundador no está asumida como una transgresión sino como una norma que se reproduce a lo largo de la historia. Un claro ejemplo de esto es la película “La pasión de Cristo” de Mel Gibson que ha tenido la bendición del Vaticano.
“No cabe duda de que ese sacrificio consiste en un acto de dar la muerte, de que se trata de algo sangriento. Es una transgresión en el sentido en que ese acto de matar es, de hecho, un pecado.”
No es sólo la obra de un pueblo ciego que no sabe lo que hace. El dios padre lo manda la tierra para que cumpla ese sacrificio. La película de Mel Gibson le da una centralidad avasallante al acto de la crucifixión por encima de las acciones de ese Cristo hombre. No vino a la tierra a predicar, a revelarse, a proteger y defender a los humildes, vino a morir en la cruz. Esa es la bandera que sostiene el cristianismo para convencer a los fieles de que deben soportar todos los padecimientos como él lo hizo. Toma este argumento como norma para herir la carne, se trata de un acto deliberado.
“Para el cristianismo, no reconocer la santidad de la transgresión es un fundamento”
Lo que el sacrificio provocaba era la nausea. La película “La pasión de Cristo” es muy violenta, lo que impresiona es la violencia de los órganos del cuerpo despedazados, como ocurría en el sacrificio animal. Esta escena es la que no existe para nosotros hoy. Hay formas obscenas de sacrificio que nos alejan de la nausea como reacción inmediata, física.
“La experiencia contemporáneas invierte las conductas de piedad en el sacrificio.”
Hoy el sacrificio no provoca este sentimiento de piedad porque el horror está fuera de escena. No presenciamos el martirio físico pero si otra clase de suplicio, más ligada a lo moral que se ha naturalizado en los medios.
“Si hay prohibición es de una violencia elemental. Esa violencia se da en la carne.” A este espacio del propio cuerpo se traslada esa transgresión no asumida. La prohibición del “no matarás” que se transgrede en el sacrificio de la cruz, se asume en el cuerpo de cada fiel en relación al erotismo.

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