sábado, 23 de octubre de 2010

Río plateado


Una versión de esta nota salió publicada el viernes 15 de octubre en el diario Página/12



Por Alejandra Varela
Copi es el nombre de una personalidad avasallante. Con su cadencia desvergonzada se abre paso derrumbando mitos. Su escritura se ofrece en una verborragia incontenible.
Copi miente la autobiografía, mientras se acerca a la Argentina con desconfianza y reparos. Hace estallar la identidad que vive en las contradicciones de su propia familia, poblada de uniones imposibles y de fabulaciones extremas . Copi imita a su abuela Salvadora Botana y de ella aprende que el testimonio es la excusa para la ficción. El lector que se atreva a posar su mirada en “Río de la Plata”, el último texto que se asoma en el primer tomo de las Obras Completas que por estos días presenta Anagrama, no deberá ser incauto ni confiado. Copi se reirá de él sin piedad. Jugará a hacer de la autobiografía el territorio propicio para el disparate, la exageración y la aventura.
Pero hay un rincón donde se encuentra una cuota de indulgencia. Copi parece temerle a la verdad. Según la inteligente mirada de María Moreno, autora del prólogo, la identidad es peligrosa en su revelación . No sólo porque en la historia familiar de Copi hay crímenes y fantasmas shakespearanos, sino porque la identidad sexual de la Argentina toda, es inspiradora de la más desconcertante y burlesca descripción.
Copi mezcla el psicoanálisis paródico con la mirada extrañada al proponer que en la Argentina los micros son lugares propicios para el toqueteo, que en todos los cines se hace el amor en la platea menos en la cinemateca, que la homosexualidad es en realidad una costumbre absolutamente naturalizada ,ya que los niños y adolescentes del mismo sexo comparten la cama y los vestuarios, que en toda casa hay un gay en el closet que es considerado como asexuado, inteligente y moderno, al que se le hace pagar el precio de mantener a sus padres mientras guarde sus romances en el lugar de la aventura episódica. Y es piadoso porque le quita dramatismo a este costumbrismo obsceno (por lo fuera de escena) para señalar que todos saben y callan porque también practican el secreto. “Los porteños de todas las edades tienen con frecuencia moretones en el cuello que esconden con un pañuelo o que hacen pasar por picaduras de insectos”. Declara al borde de la risa, en esta suerte de sexualidad clandestina que se oculta más allá de las vidas convencionales pero que flota en la superficie bajo la forma de un chupón delator.
Copi utiliza el cliché para ser concreto, para ser gráfico. En su “Eva Perón” destrozó la metáfora al darle el cuerpo de un travesti. Si las personas de su bando (las que odian al peronismo, los famosos gorilas) acusaban a Eva de ser el hombre de la pareja por qué no convertir esa palabra en carne y esa carne en la posibilidad ridícula de sobrevivir.
Copi vuelve absurdo el ritual de lo sagrado. Su muerte fue una escena de excesos, locas extasiadas entre güisqui y joint y un hermano machote tratando de conquistar a la enfermera, mientras un Copi moribundo alardea de ser el más vanguardista al morir de Sida antes que todos.
Copi dibuja un Río de la Plata expresionista. Sin matices pero en tránsito. Hace de la huída, del “orgullo del perseguido” una peripecia donde sólo hay fatalidad cuando se pronuncia la palabra peronismo.

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