viernes, 11 de junio de 2010

Alambres


Ciclo de poesía Alambres:

Queremos invitarlos a la presentación en sociedad de nuestro ciclo de lectura de poesía Alambres.

En este primer encuentro seremos las organizadoras las encargadas de abrir el juego: Andrea López Kosak, Anna Pinotti y Alejandra Varela los recibiremos con poesía, música y un majestuoso brindis de inauguración .

La cita es el domingo 13 de junio a las 19: 30 horas en el Centro de Cultura y Comunicación que se encuentra en la calle 42 Número 585 esquina 7 de la ciudad de La Plata.

El acompañamiento musical estará a cargo de Sebastián Caporaletti , Julián Dalmau y Martín Giménez

Para conocer más sobre Alambres pueden visitar nuestro blog: http://www.alambrespoesia.blogspot.com/

o escribirnos a alambrespoesia@gmail.com



Los encuentros inesperados que me llevaron a iniciar este ciclo de lecturas poética llamado Alambres, son parte de la aventura de animarse a crear la vida a cada paso. Si no me hubiera atrevido a dejar atrás ciertas experiencias y comenzar un ciclo nuevo, si hubiera seguido aferrada a ciertas costumbres que nos impiden cambiar, seguramente no hubiera vivido las impensadas aventuras de este año.

Alambres es el producto de un encuentro de tres personas muy diferentes que tenemos ganas de ponerle el cuerpo a nuestra escritura después de un largo tiempo de trabajo solitario.

Este domingo 13 de junio nos preparamos para la largada presentando nuestros poemas. Somos Andrea López Kozak, Anna Pinotti y Alejandra Varela. Como adelanto van algunos poemas



Tanto se habló de los vencidos. que hoy la única lamparita prendida. es la brújula. esa luz blanca que cae. delatora. abre la piel. Pero mi infancia es inflexible. y sorda. Desconoce los dientes. que muerden manzanas exquisitas. esas que siempre tienen un gusano adentro. se lamen los ojos. con la solapa del saco. y en su terciopelo encuentran. la bota gastada. que habla de la discordia. No puedo perdonar. lo no dicho. envuelto. en la corrección. La batalla perdida.




Me los imagino como marineros rusos. una película de Tarkovsky. en blanco y negro. Una vida hostil, disciplinada. apenas me reconozco en los que ríen. Esos hombres de chaqueta negra. delgados porque la tierra era su alimento. tenían cenizas en las manos y la boca. los dientes negros.
y cuando hablaban parecía que el fuego. salía de los ojos perfumados. de los vasos de cerveza. de las cucharas curvas y planas. Todo era fuego. El bar. luces anaranjadas de un sol. que no soportaba vidrios. ni lunares. El cielo está acá dentro.
Sos el dibujo. que me separa de la vida. Me preserva de todo. lo ocurrido.




La cicatriz. el pelo que se corre sin resguardos. la melena que se encrespa. como esos gatos que juegan a rascarse. a esconder la cabeza. y se convierten por un momento. en un animal inconsciente.
Cabe en mi pelo. tu palma entera. y todo lo que el otro sabe esconder. Nunca fui la madre. que volteaba la cabeza. para negar ante el mundo. que fue ella. la que se comió la serpiente. Mi fruta es otra. es el abismo de un libro con las hojas pegadas. Algo virgen que no puedo separar.



si el tiempo empieza en los pliegues. de una melena que anda sola. porque no la gobierno. no es mía. ha crecido tanto. y tiene colores.
Nunca la viste. estaba encerrada en la pileta. del baño. y se lavaba las uñas. con los restos de una carta de amor. Mujeres en musculosa. juegan a la peluquería. comen merengues. y tienen la cabeza rapada. miran mis rulos con envidia. y con asco.




Denuncio tu nombre. vuelvo a ser. la que escribe mensajes en la noche. la noche escrita para no conocerla. perderla como una pista falsa. como la evidencia que no quiero seguir. Te encuentro. en la página pegada. que dice el nombre. de quien ha roto. la vajilla nueva. el juego de té.

Ser la que ríe. la que se suelta el pelo. y sufre desmayos en el subte. pide socorro detrás de las ventanas. de las casas donde pequeñas ancianas. descubren que los demás no tendrán jamás sesenta años. que la vejez del futuro será en la intemperie.




Yo no tengo muertos. entierro cajas de algodón
pero no vidas
Los ausentes. no me dejan en paz. tienen. la suave corrupción que me hace dormir. Tan presentes. cuando descubro la dicha. que quisiera matarlos. ya mismo. Encontrar una pala enorme. y verlos como cucarachitas. pidiendo auxilio.

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