domingo, 25 de abril de 2010

La conquista de la libertad


Pertenezco a la misma generación que Marcela y Felipe Noble. No tengo dudas sobre mi identidad, un dato que en nuestra historia es casi una señal generacional para quienes nacimos durante la dictadura.

El caso de Felipe y Marcela tiene muchos puntos en común con las historias que se relataban dentro de la tragedia griega. El primer título, casi obvio, es el de “Edipo” de Sófocles, donde el rey de Tebas tenía que descubrir quien había sido el asesino del anterior rey, muerto días antes de que Edipo llegara a la ciudad. Decidido a enfrentar la investigación Edipo descubre no sólo que él es el asesino sino que Layo, el rey muerto, era su padre. Edipo desconocía su identidad porque sus padres, Yocasta y Layo, al recibir las predicciones del oráculo que auguraban que Edipo mataría a su padre y se casaría con su madre, lo mandaron a matar para que no se cumpliera tan terrible destino. Uno de sus sirvientes se apiadó del bebé y lo entregó al rey Polibo. Edipo desconocía que no fuera hijo biológico de Polibo y durante toda la obra se cruzan tres niveles de conflicto. El conflicto social ¿quién asesinó al rey? El conflicto religioso ¿se cumplen realmente las profecías del oráculo? y el conflicto íntimo: ¿quién soy? ¿cuál es mi verdadera identidad?

El héroe tiene una característica indispensable para que su drama intimo se convierta en un asunto público. Es alguien que pertenece al poder. El caso de la apropiación de Marcela y Felipe tiene un valor más significativo que cualquiera de los otros casos de niños apropiados. Quien se apoderó de esos niños es una de las mujeres más poderosas de la Argentina. Por esa razón la resolución del caso atañe a toda la sociedad. No sólo por eso. La apropiación de menores formó parte del terrorismo de estado y es un delito. Como crimen de lesa humanidad debe esclarecerse. Pero la resolución de este caso dirá mucho más sobre el poder y sobre el funcionamiento de la dictadura, sobre su permanencia en distintos sectores económicos y sobre la conversión de los grandes monopolios mediáticos en nuevas estrategias del fascismo.

La aparición de una solicitada y una grabación televisiva que tenía la firma y la presencia de Marcela y Felipe fue un dato que contribuyó a la exhibición pública de los mecanismos de la apropiación.

Cuando leí la solicitada en Página/12, por la mañana, lo primero que pensé fue que en ese texto se trataba de construir a seres de una sola pieza. Vendrán después las investigaciones sobre los publicistas y abogados que redactaron ese texto pero la primera evidencia para mi estaba en la exagerada prolijidades del relato. Lo más lógico es que cualquier persona que esté atravesando el drama que viven hoy Marcela y Felipe se enfrente a una cotidianidad plagada de contradicciones. En el texto, por el contrario, no había fisuras. Eran seres que no parecían encarnar un conflicto, absolutamente planos, despojados de una subjetividad histórica que les diera presencia, singularidad en ese texto. La mentira estaba en esa pulcritud, en esa unilateralidad, en esa ausencia de contrastes.

El héroe griego también era una persona de una sola pieza. Imposible, irreal pero creíble por la certeza absoluta de estar defendiendo una acción con sentido que era más importante que su propia vida. No temía dar batalla a adversarios enormes, imbatibles como los dioses, porque consideraba que su combate cambiaría las relaciones de fuerza.

El caso de Felipe y Marcela es el negativo del héroe griego. En la grabación televisiva que pude ver por la noche se mostraba a dos autómatas. Es increíble observar como personas que pueden montar la más sofisticada de las estructuras para crear los mundos que se les plazca no pudieron ver algo tan claro. esos jóvenes expuestos como pilotos suicidas dejando un mensaje a la posteridad antes de inmolarse, eran la prueba más clara del delito de Ernestina Herrera. sólo alguien que le arrebató la identidad a dos personas puede ofrecer esa prueba contundente de borramiento de la singularidad. Marcela y Felipe no pudieron ser dueños ni de sus propias emociones , no se les permitió decir simplemente lo que sentían. No sólo no había verdad, no había libertad, parecían dos presos obligados a testimoniar en su contra. Esta claro que lo que a ellos les pasa no importa, lo esencial es salvar a Ernestina Herrara del escándalo y la cárcel. Ellos son sólo un instrumento cuya palabra también está secuestrada.

¿Qué pasaría si Felipe y Marcela hablaran sin guion? Tal vez se animarían a decir algo diferente a o que le gustaría escuchar a la dueña del monopolio. Tal vez ya ni saben lo que quieren y dirían lo que se les ha enseñado.

El héroe griego es tal porque se decide a asumir el conflicto hasta las últimas consecuencias. Marcela y Felipe deberán en algún momento animarse a dar ese paso para convertirse en sujetos.

4 comentarios:

  1. Lo tremendo de Edipo es la fuerza de la tragedia expresándose en él.

    El efecto de lo innominado, lo conduce a reaccionar: acaba arrancándose los ojos para no seguir viendo lo que veía.

    Este hecho es quien eleva a Edipo,hasta el punto de hacerlo superior a los dioses.

    Ama a su tierra, por tanto lo destruye haberle causado dolor de manera inconsciente.

    Sea cual sea el resultado acerca de Felipe y Marcela, una cosa es clara: la Noble tuvo participacion en la planificacion/ejecución de lo llevado a cabo por la dictadura.Y detrás de ella marchan en fila quienes conocieron y conocen la naturaleza del juego.

    El heroe de la tragedia griega lleva en sus venas, en su sangre, los misterios que lo conducen a vivir una vida como la de Edipo.

    Cuando estos misterios son tan tremendos, su capacidad y coraje lo conducen a ejecutar acciones similares a la de arrancarse los ojos conscientemente, para dejar de ver lo que de forma extraña vino a depositarse en su vida.

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  2. La disociación entre la palabra, el discurso, y la expresividad y emotividad de los chicos en el video es flagrante.

    Linkeo este post, con la cita correspondiente.

    ¡Saludos!

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  3. Utilizan el Sindrome de Estocolmo de estos pibes para mantener su impunidad. Como siempre, desvían el eje de los delitos cometidos por su apropiadora a una farsa sensiblera, encima mal hecha. Como si los delitos no se hubieran cometido. Como si lo importante fuera ésto y no los padres muertos que esconden en el placard. Como si los únicos derecho-habientes fueran la apropiadora y su entorno, no los asesinados a quienes les arrancaron a sus hijos y hoy usan de paragolpes.

    Y aún cuando no fuera éste el caso, aún cuando no fueran hijos de desaparecidos, ya para el 2002 estaba claro que todo el trámite de "adopción" fue hecho con documentación falsa, testigos falsos y demás que ameritaron su detención preventiva.

    Como marcó claramente Sandra Russo en 678, Kircher ni había aparecido todavía en el escenario politico para entonces, por lo que mal podría endilgársele a K lo que la justicia ya había tomado intervención mucho antes.

    Para ellos, nunca era el momento apropiado para investigar el caso. Como tampoco era el momento adecuado para aplicar la ley de medios. Nada que rompa el statu quo imperante los favorece. Lógico. ¿Cómo van a querer cambios, si así la pasan fenómeno?

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  4. Caín, diste en el clavo. El héroe griego se sabe parte de una comunidad y entiende que su acción, sus vidas, sus decisiones inciden en la vida de su pueblo, por esa razón no puede desentenderse, no puede, mientras avanza en la investigación y comprueba que él es el asesino que buscaba, hacerse el desentendido y decir acá no ha pasado nada. En cuanto asume la decisión de buscar la verdad no puede detenerse. Por otro lado la acción que vos marcás de arrancarse los ojos habla de un mundo donde importan las consecuencias. Nosotros vivimos durante muchos años en una realidad signada por la impunidad, lo que significa que no había causas ni efectos, todo podía acomodarse a la normalidad. Creo que estamos recuperando la posibilidad de pensarnos como seres históricos y, justamente, Felipe y Marcela siguen aferrados a la lógica que aprendieron de su apropiadora en la que nadie debe pagar por lo que hizo (al menos no los poderosos). Coincido con los demás comentarios.

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