domingo, 8 de agosto de 2010

La revancha de Eva Perón


Hace pocos días se recordó otro aniversario de la muerte de Eva Perón y, como siempre, se habló del mito y se dijo muy poco sobre su obra.

El mito es un recurso absolutamente necesario en la política pero Eva Perón no fue sólo una joven mujer carismática que hacía discursos emotivos que llegaban al corazón de su pueblo. Fue la persona que puso en practica el concepto de justicia social a partir de su Fundación. Allí realizó una tarea que fue un modelo de eficacia por su rapidez y la calidad de sus concreciones. Trabajaba desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la madrugada, siempre con la urgencia de que para el pobre se estaba llegando tarde. Pensó la política social como una restitución y no como una dádiva, teniendo en cuenta que al pueblo se le habían negado durante mucho tiempo derechos a los que gracias al peronismo podía acceder. Fue brillante en el terreno del encuadramiento sindical y tenía una inteligencia y una capacidad política absolutamente intuitivas. No renegó de sus orígenes y se definió políticamente en relación a ellos, por eso supo que tenía que disolver la sociedad de beneficencia y tratar con absoluta delicadeza a cada hombre y mujer del pueblo.

Eva Perón no tuvo ni una formación política y, mucho menos académica. era una hija del pueblo que supo sobrevivir con astucia en una época especialmente cruel para las mujeres. Su figura siempre fue maldita. Su enfermedad debe leerse en términos políticos, como Ezequiel Martínez Estrada acusaba al peronismo de ser el causante de sus males físicos. El odio que llevó a escribir “Viva el cáncer” encendió a esa mujer para la batalla y para la herida mortal que lastimó su propio cuerpo. En su enfermedad está el pasado en la miseria, la desmesura de su trabajo que eludía todo descanso, pero, por sobretodo,estalla un modo casi sobrenatural de impedir que esa mujer permaneciera en su imbatible trono de líder popular.

El mito encierra una trampa. La de separar a Eva de Juan Domingo Perón, la de santificarla y depositar todos los males en el ideólogo de un movimiento político inédito en el mundo. Perón fue el creador, el artífice de un modo de pensar la política que se ha convertido en el idioma político argentino por excelencia. El peronismo encierra contradicciones pero tiene una identidad ,aunque José Pablo Feinmann insista en pensarlo como un todo que es igual a nada. Existe un adentro y un afuera del peronismo. Es verdad que conviven en él sectores antagónicos pero eso ocurre en todos los movimientos de masas. Pensemos que en nuestro país tenemos por lo menos tres partidos trotskistas, lo que significa que el trotskismo, sin ser un movimiento de masas como el peronismo, tiene por lo menos tres maneras distintas de ser interpretado y llevado a la práctica. ¿Cómo no van a convivir hacia el interior de peronismo un Néstor Kirchner y un Eduardo Duhalde? Esto no quiere decir que en el peronismo todo de igual . Carlos Menem es un producto del peronismo pero su política no se ajusta para nada a la doctrina del movimiento que lo llevó a la Rosada.

Endiosar a Eva para separarla de Perón como hace Feinmann en el guión del film de Desanso, no sólo es falsear la verdad histórica sino que delata una manera elegante de ser gorila. Quiero a Eva Perón porque ella estaría al margen de las oscuridades del peronismo. Feinmann la presenta como una mujer que compra armas al Príncipe de Holanda y se las reparte a la CGT. Es casi imposible imaginar que Eva haya tomado esa decisión sin la aprobación de Perón y que el Príncipe de Holanda le hiciera caso a una joven primera dama sin el respaldo de su marido, a la sazón, el presidente. Una Eva Perón ideal, o, para ser más precisa, acorde con los ideales setentistas pero despojada de cualquier escena que la muestre en el desempeño de su tarea social, es la que inventa Feinmmann. En ella creen muchas personas que no se han preocupado por leer un libro de historia. Bajo la lupa de Feinmann, Perón es un represor malvado que la traiciona, sin entender las particularidades del momento histórico que lo tocó atravesar. Feinmann minimiza , no sólo en la película sino en su libro sobre peronismo, las relaciones de fuerza que le tocaron vivir a Perón. Lo muestra como un ser todo poderoso y propone resoluciones contra fácticas que, como argumentos son bastante inútiles. Perón no tenía todo el poder sino una parte. Un sector poderosísimo como la oligarquía, la iglesia, una parte del ejército y el poder económico concentrado le declara una lucha feroz a él y a Eva que no se ajustaba a ninguna norma. A mi modo de ver el peronismo que fue derrocado en el 55 se enfrentó a una encrucijada. El gran factor de legitimación que tenía Perón era su pueblo, para mantenerlo de su lado tenía que seguir desarrollando una política inclusiva de pleno empleo con un estado contenedor pero cuanto más profundizaba esta política más se ofuscaban sus enemigos. Si cedía al poder económico perdía el respaldo del pueblo. Perón no supo resolver esa contradicción y fue derrocado ,en gran medida porque los otros sectores políticos deseaban su caída. Armar al pueblo es una alternativa que Feinmann esgrime con una liviandad que me asombra. Ni Salvador Allende se animó a tomar esa decisión. Hay que ponerse por un momento en el lugar del líder que es responsable de la vida de su pueblo y ver si se trata de una resolución tan aceptable.

Para justificar el título de mi post pienso que en nuestra historia hemos vivido demasiadas primaveras, que los momentos de felicidad para el pueblo siempre duraron poco. La restauración conservadora aguaba la fiesta y ya nos veníamos acostumbrando a que siempre fuera así pero cuando Cristina Fernández logró salir de las leyes de la historia en el momento más dramático de su gobierno, cuando se creía que la disputa con la patronal rural iba a ser su tumba, tuve la sensación de que algo había cambiado en serio.

Cuando Cristina Fernández asumió recordó a Eva y se animó a decir “tal vez se merecía ser la primera mujer presidenta más que yo”. En aluvión salieron a criticar ese “tal vez” pero yo pensaba que Cristina era la versión de Evita traída al siglo XXI. Otra hija del pueblo que gracias al peronismo pudo estudiar en la universidad pública y formarse desde muy joven en la política. Se trata de una mujer que se preparó toda su vida para ocupar ese lugar de poder gracias a que existe en nuestra historia una figura como la de Eva que nos lleva a pensar a todas las mujeres que ese sitial es posible para nosotras. Cristina toma los conceptos que en Evita eran acción e intuición y los procesa bajo su mirada de estadista. Cristina parece poder contra el machismo y los prejuicios de clase que le impidieron a Evita ser vicepresidenta, contra el odio que la enfermó y contra esa fatalidad tiránica que nos obliga a las mujeres a pagar un pecio altísimo (a veces con nuestra propia vida) por desafiar nuestra predestinación, por darle dignidad a los humildes y por tener esa enorme fortaleza de animarnos a desafiar a los intocables.

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