domingo, 31 de enero de 2010

Lo que no me gusta II


Hace unos meses escribí un post donde explicaba por que no me gusta José Natanson y después de leer su nota de hoy en Página/12 confirmo mi desagrado

El primer error que comete es estructurar la presentación de las tres principales propuestas progresistas de la pos dictadura bajo la forma de clivajes. Será muy políticamente correcto desde la lógica de las ciencias políticas pero la mirada binaria es insuficiente. Un clivaje es una línea divisoria que un proyecto político establece para pensar la realidad. Se trata de un simplificación tan absoluta y autoritaria que si se la piensa aisladamente, como hace Natanson simplifica la escena política de un modo brutal .

Raúl Alfonsín no fue sólo la confrontación entre democracia o dictadura. O lo fue en su sentido extremo cuando el conflicto lo ponía contra las cuerdas. En realidad el principal desafío de Alfonsín fue querer unir el liberalismo con la democracia, dos componentes que pocas veces pudieron aceitarse en nuestra realidad política. Su límite fue no encontrar un armado económico eficaz que le diera fortaleza para sostener sus enfrentamientos con los sectores de poder.

El Frepaso fue una experiencia que fácilmente puede pensarse bajo el clivaje corrupción-transparencia porque se trataba de un proyecto político llamativamente débil que sólo existía para cuestionar al menemismo y canalizar el malestar que se observaba en la sociedad hacia el presidente riojano. Si puede pensarse bajo ese clivaje es, justamente, por su debilidad. Siendo más estricta, se trató de un producto de la telepolítica y su límite lo encontró en la realidad. Cuando fueron gobierno no les alcanzó con medir bien en un programa político, su inoperancia se volvió insostenible. Pensar bajo el concepto de clivaje es someterse a las normas mediáticas de la política porque esa consigna binaria es fácilmente asimilable por los medios.

Cuando llega al kirchnerismo Natanson encuentra varios clivajes, lo que podría explicar la negación del clivaje en sí. En realidad, como en el caso Alfonsín, se recurre al clivaje cuando el conflicto llega al extremo porque siempre que existe polarización existe también una simplificación del conflicto.

Una herramienta que utiliza el proceso de despolitización que vivimos es desvirtuar el conflicto bajo el nombre de clivaje. Al ser tan esquemático es menos interesante y se vuelve excluyente porque se lo presenta de una forma violenta donde el ciudadano siempre está afuera, como espectador de una disputa entre sectores de poder (tal como le gusta presentarla a la izquierda paleolítica) y no como un tema que los involucra. Describir un conflicto como la confrontación entre el gobierno y los productores agropecuarios no es lo mismo que definirlo como un conflicto sobre la soberanía alimentaria, sobre un proyecto de país agroindustrial, sobre la preservación del mercado interno. Allí el ciudadano ocupa un factor central, no está en la platea de un partido de tenis. Cuando los medios dicen que ese conflicto que instala el gobierno no le interesa al ciudadano de a pie está cometiendo un acto de cinismo. El conflicto debe ser presentado, tanto por el gobierno nacional como por el periodismo (mucho más si el gobierno no lo hace) como un conflicto que involucra a toda la sociedad en función de su supervivencia. En ese caso específico quien logró involucrar a la ciudadanía fue la Mesa de Enlace imponiéndole una conflictividad que no les pertenecía. La renta extraordinaria sin retenciones va a parar al bolsillo de unos pocos.

Para Natanson el error del gobierno en el conflicto con los productores agropecuarios fue presentarlo dentro del clivaje pueblo-oligarquía.Por supuesto que un clivaje de estas características no puede ser eficaz en un país que ha perdido totalmente la idea de pueblo pero, quedarse en este comentario podría implicar que la preocupación por recrear ese concepto no es válida. En este sentido aunque se haya instalado de manera desprolija, la palabra pueblo volvió a ser utilizada desde el gobierno de Néstor Kirchner sin vergüenza, de hecho Cristina Fernández la pronunció en su discurso de asunción. A veces la complacencia extrema que algunos periodistas tienen con la sociedad los lleva a negar los errores que ésta comete. Si el pueblo se identificó con la oligarquía en el conflicto por la 125 se equivocó y eso hay que señalarlo, como se equivoca cuando le brinda su apoyo a Julio Cobos. Estas cosas hay que decirlas porque aunque el gobierno nacional haya presentado el conflicto de una manera equivocada eso no justifica tan grosero error de la ciudadanía. Sino se estaría pensando a la población desde un lugar muy pasivo, cristalizándola en una expresión carente de decisión propia, de autonomía, negándole toda posibilidad y capacidad.

Natanson, en la recta final de su nota, termina reconociendo que lo que él observa como ineficacia K es en realidad la ficción de sus clivajes. Ellos buscan instalar un clivaje que no se corresponde con la realidad. Este es el lugar común de la critica que busca descalificar al kirchnerismo: convencer a la sociedad de que las gestas que ellos deciden realizar son falsas, no hay que creerles, por lo tanto, no existen. Lo que no existe es ni un gobierno ni una persona absolutamente coherente. Si el gobierno busca volver al mercado de capitales no quiere decir que la épica instalada con las retenciones sea falsa. Retenciones aplica un país como Estados Unidos que está lejos de ser comunista. El propósito mediático es pensar a los sujetos como seres de una sola pieza y si esa prueba no se cumple entonces son mentirosos, incoherentes u oportunistas. Lo que cuenta en las personas es el nivel de riesgo de su acción, la capacidad que tienen para llevar a fondo un proyecto más allá de los obstáculos y las batallas que tienen que librar, su fortaleza para no retroceder, para no amedrentarse. Después todos, hombres y mujeres con o sin poder nos equivocamos, tenemos flaquezas y también somos capaces de cambiar. Si se piensa la política desde la lógica binaria o sos blando o sos negro. Si sos gris ya sos una falsificación.

A mi me parece mucho más mentirosa esa lógica que piensa a los Kirchner como seres enclaustrados, tiránicos, necios. No creo que a la Argentina la haya sacado de la peor crisis institucional de su historia solo una persona. Creo que se necesitaba un líder y Néstor Kirchner lo fue pero seguramente deben haber sido muchos los que opinaron, pensaron y aportaron para que todo funcionara. Si no fue así hace bien en no pedir opinión, porque si es tan genial ¿para que va a dejar que los demás se inmiscuyan? Mi lectura del gobierno de Néstor Kirchner fue la de un Presidente que tuvo mucha capacidad para cambiar cuando una medida no tenía aceptación o cuando la realidad social pedía otra cosa. Un ejemplo fue el caso Blumberg.

Mi mayor rechazo al texto de Natanson se encuentra en su afirmación de que es Cobos quien instala el clivaje más inteligente al definirlo como consenso-conflicto.

La crítica que le hago al texto es que su autor no señala que ese clivaje es absolutamente falso en la boca de un vicepresidente que con su actitud opositora no hace más que acentuar lo peor del conflicto. Él no es un hombre de consenso sino de claudicaciones. Su “voto no positivo” no fue un aporte a la paz social sino una declaración de guerra al kircnerismo. Fue la mayor crispación que se pueda encontrar. Su motivación se fundamenta en su debilidad ante el poder económico y en el narcisismo de aprovechar el momento en que todos los ojos estaban puestos en él para provocar un golpe de efecto (su voto fue también un gran show mediático con la actuación de un dilema moral incluido) El consenso es posible si todos los actores en disputa están dispuestos a perder algo para que la nación gane. El sector agropecuario jamás cedió, ellos lo quieren todo a su medida, el gobierno hizo muchísimas propuestas y cambios pero no está dispuesto a sacrificar la decisión de fondo.

Margarita Stolbiszer se está acercando a Cobos y está siendo asesorada por un hombre muy inteligente llamado Marcos Novaro. La estrategia es mostrar a Cobos como la figura que garantiza la institucionalidad de la argentina frente a los abusos K.El límite que los Kirchner se estaban buscando. ¿Y quién le pone límites a Cobos? Alguien que no cumple con su rol de vicepresidente, que traicionó un proyecto político puede ser mostrado como la garantía de institucionalidad sólo porque reina la confusión. A los Kirchner se les pide que todo el tiempo hagan corresponder sus palabras con sus actos y sus actos con su pasado (lo que implicaría casi la perfección) y a la oposición (Cobos incluido) se la describe con la más absoluta indulgencia. Lo que dicen no se sostiene ni con lo que hacen ni con su pasado pero todos callan porque al momento de hablar de la oposición pareciera que son seres surgidos de un presente permanente. Son sólo lenguaje inmediato. No están situados ni tienen historia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada