lunes, 18 de enero de 2010

La muerte de un poeta



El cadáver de Federico García Lorca parece inhallable.
Durante dos años realicé una serie de cuatro notas para el diario Clarín sobre las últimas investigaciones sobre su muerte.
Aquí reproduzco una nota publicada en junio de 2008 en la revista Viva.
Dos amigos que, como en un cuento borgeano, asume cada uno el incierto rol del traidor y el héroe. Uno es poeta, con ideas de avanzada y una sexualidad demasiado desafiante para la España de los años 30. El otro es un falangista que se ocupará de propiciar y apoyar el golpe de estado que llevará al poder durante cuarenta años a Francisco Franco.
Pero, como en un cuento borgeano, esos roles se desdibujan porque si a Federico García Lorca le tocó morir en su Granada natal, con los nombres de sus amigos y familiares mezclados entre los disparos y las delaciones, para Luis Rosales, su amigo falangista, llegó la hora de la redención, de borrar las sospechas.
Este relato, uno de los tantos hilos que tejen una trama infinita donde los personajes se suman generosamente, forma parte del documental “El mar deja de moverse”, dirigido por Emilio Ruiz Barrachina quien llega a la Argentina, acompañado de los poetas Félix Grande y Francisca Aguirre para presentar el film en la Feria del libro y en el Malba.
El silencio tiene un peso dramático fundamental en esta historia porque durante los setenta años que transcurrieron entre el crimen y este presente, los murmullos sobre las complicidades familiares que acompañaron el asesinato del poeta eran una constante .Los murmullos construían el peso de ese silencio. El documental, como las investigaciones de Ian Gibson, Pilar Góngora y Miguel Caballero que alimentan el film, permitió levantar la voz sobre los hechos.
“Ya resabe que en los pueblos hay muchos runrunes que pasan de boca en boca y que no se hacen públicos por miedo. Las familias de caciques han seguido y siguen en muchas partes de España, aún en democracia, ejerciendo un poder al que es complicado enfrentarse. Máxime en el entorno rural. De hecho, mucha gente nos ha proporcionado datos pidiendo ocultar su procedencia”, explica Ruiz Barrachina.


Los hechos:

Federico llega a Granda para celebrar la fecha de su santo que se conmemora el 18 de julio. Quiso el azar que ese mismo día estallara el golpe de estado que abrió el camino hacia la guerra civil. El poeta tenía planeado partir un mes después hacia México pero los hechos se precipitaron.
“A Manuel Fernández Montesinos (cuñado de Lorca y alcalde socialista) lo matan en la madrugada del 15 de agosto. A Federico lo detienen en la casa de los Rosales a las cinco de la tarde (hora muy lorquiana) del 16 de agosto. Ni él ni nadie supieron hasta último momento que lo iban a matar. Su muerte se produjo por una cascada de acontecimientos que culminaron con la orden de Queipo de Llano, ya de madrugada, desde Sevilla, que le da a Valdez con la frase: “A ese dale CAFE, mucho CAFE”. CAFÉ eran las células de acción de la Falange Española, es decir, las Escuadras Negras. Quien lleva a Lorca hasta Víznar es Juan Luis Trescastro Medina”, relata el director del documental.
Federico busca refugio en la casa de su amigo Luis Rosales porque imagina que nadie irá a buscarlo al hogar de los conocidos falangistas que han respaldado el golpe.
“Antonio y Miguel Rosales no estaban muy conformes con la presencia de Lorca en la casa de sus padres. Antonio (tesorero de la falange) le confirma el 16 de agosto al capitán Rojas que su hermano Luis lo escondía en su casa pero él no estaba de acuerdo y se desentendía del asunto”, agrega Ruiz Barrachina.
No sólo se equivoca García Lorca sino que Luis Rosales, al aceptar proteger a su amigo pasa convertirse en algo que no es: un traidor. O, mejor dicho, siguiendo la lógica borgeana será un converso, alguien que debatiéndose entre su afecto y su ideología se revela, de algún modo, ante ese régimen que defiende.
“Luis Rosales hizo todo lo que pudo por su amigo, como lo hizo por nueve personas más casi todas del partido comunista”, sostiene Ruiz Barrachina quien siguió la pista de los Rosales como un elemento pendiente que venía a completar la historia. Los testimonios de Francisca Aguirre y Félix Grande, expuestos en el documental, ayudan a iluminar la verdadera intervención de Luis Rosales.
El tema es también una señal incandescente que salpica aún hoy a los descendientes de ambas familias.
“Manuel Fernández Montesinos (sobrino del poeta) considera que Luis Rosales no entregó a Lorca pero, a pesar del asesinato de su amigo siguió defendiendo los ideales golpistas y apoyó el régimen de Franco”, agrega Ruiz Barrachina.


La tragedia:

La otra posibilidad sería contar esta historia como una tragedia griega donde el drama íntimo, las decisiones políticas y el mundo doméstico son uno solo.
La familia García Rodríguez, a la que pertenecía el padre de Lorca, sostuvo durante años rencillas por la posesión de las tierras en Vega de Granda con los Roldán (sus primos) y los Alba. Estas diferencias se convirtieron en el combustible perfecto cuando tomaron la forma de acciones políticas irreconciliables.
Federico sigue la línea paterna y se identifica con el proyecto republicano. Los Roldán pertenecían a Acción Popular y fueron convocados por Valdés (gobernador militar de Granada tras el golpe de Franco) para la conformación de las Escuadras Negras, una suerte de grupo de tareas que tenían la finalidad de hacer desaparecer gente. Los Roldán hicieron uso de ese poder para matar a Lorca.
“Queda demostrado en el documental que estas imbricaciones familiares y las relaciones con sus primos, ya muy complicadas desde las rencillas mantenidas por sus padre con miembros de la familia, son causa directa de la muerte de Lorca. Esto sucedió también en casi todos los pueblos de España. Sigue siendo la política la primera causa, pero estas relaciones familiares y la homofobia, desmitifican en parte la muerte de Lorca y a la vez la engrandecen porque se hace representante de otras miles de muertes de gente anónima pero todas encabezadas por Lorca, fue la muerte de una España de libertades y renovaciones. Fue la muerte de una España a manos de otra España que mataba en nombre de Cristo y de las más rancias convicciones”, enuncia Ruiz Barrachina.
Horacio Roldán, el primo de Federico, instigó su detención. Tres Castros Medina, casado con una prima del padre de Lorca y abogado de Roldán, fue el autor material del crimen. No faltó, en Vega de la Granada, quien lo escuchara decir sin pudores que le había dado “tres tiros en el culo por maricón”. Un hombre que “murió sin descendencia, alcoholizado, enloquecido y peleado con el resto de su familia. Parece que al final de sus días fue un hombre atormentado. Localizamos a una de las sirvientas más jóvenes que tenía en la finca y nos reconoció que fue el suyo el coche en el que llevaron a Lorca desde el gobierno civil hasta Alfacar para asesinarlo, un Oakland negro que ella misma limpió al día siguiente. No quiso, por miedo, hablar a cámara porque sus hijos siguen teniendo tierras en Vega de la Granada”, comenta Ruiz Barrachina.


El presente:

Poco se habló en el interior de la familia García Lorca sobre este crimen.
Esta historia fue siempre un policial donde cada dato que se descubre por sorpresa puede ser la pesquisa para apilar testigos, personajes, cómplices.
Es también el relato sobre la necesidad de conocer y representar el pasado y sobre la demanda de justicia que se ha postergado durante tantos años. Es la posibilidad que abre el recambio generacional de mirar la verdad de frente y poder acercarse a quien parecía un enemigo. El director Ruiz Barrachina hizo posible que Laura García Lorca (sobrina del poeta) y Luis Rosales hijo quienes mantenían una distancia hostil debido a las sospechas, compartieran un paseo frente a las cámaras.
“Evidentemente tanto Laura como Luis han logrado superar varios prejuicios que mantienen los mayores. El encuentro fue amistoso, dentro de una seriedad lógica. Yo agradezco mucho a ambos que quisieran dar este ejemplo de reconciliación y uso de la razón, ese debe ser el futuro, el cierre de una herida.”
La palabra que suelta Ruiz Barrachina resuena en el lector argentino con cierta incomodidad. La reconciliación es una figura maldita para el pensamiento político nacional, sin embargo, par los protagonistas de esta historia, parece ser una instancia necesaria.
“Es muy difícil, entre la gente mayor, alcanzar un perdón pues, a pesar de que han pasado más de setenta años, las heridas entre la gente que vivió la guerra y muchos de sus descendientes siguen abiertas. No hay que olvidarse que una guerra dura cien años y a nosotros todavía nos quedan treinta para superarlo. Deben pasar al menos dos generaciones para que la guerra civil sea una referencia histórica y los jóvenes puedan afrontar aquel desastre con templanza y calma. Sirva como ejemplo de cómo están las cosas que aquí uno de los grandes partidos nacionales, representante de la derecha, todavía no ha realizado una condena explícita y pública del franquismo”
Por el momento la discusión sobre la exhumación de los restos de miles de personas asesinadas durante la guerra civil, y enterrados en el Barranco de Víznar, el lugar donde supuestamente estaría el cadáver de García Lorca, separa a los sobrinos del poeta de los familiares del banderillero y el maestro de escuela asesinados junto a Federico.
Para los sobrinos de García Lorca la exhumación no aportará datos sobre la muerte y posibilitará un espectáculo morboso. Otros reclaman una tumba donde ir a dejarle flores a sus muertos.
Una vez más la pregunta sobre qué hacer con el pasado, qué hacer con los muertos y la excepcionalidad de su muerte se debate entre el cementerio de la memoria y el dato científico que da nombres y espacio físico a quienes desaparecieron.






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