domingo, 6 de diciembre de 2009

Carta Abierta a Néstor Kirchner


La política ofrece generosamente escenas que parecen creadas por un dramaturgo. No voy a hablar aquí de la espectacularidad de la política, porque sobre ese tema se ha dicho mucho, sino sobre su valor dramático, sobre esos momentos donde las pasiones se desnudan. El jueves en el congreso la oposición no podía disimular su alegría, su espíritu revanchista, la perversidad mostró todos sus colores, las miserias no discriminaron entre derecha e izquierda. Todo lo que estos variados sectores le criticaron al kirchnerismo, estaban dispuestos a reproducirlo en ese instante. Eran seres que se relamían cumpliendo el sueño que habían tejido con trabajosa y grosera envidia.
Si de crispar o polarizar el conflicto se trata, no cabe dudas que esa oposición ansiosa por iniciar la sesión, hizo mucho para convertir las diferencias en conflictos irreconciliables. No actuaron en función del electorado que, según ellos, quiere ver reflejado en el congreso el resultado de las urnas. Todo tuvo un único destinatario: Néstor Kirchner, o, para ser más precisos, el matrimonio presidencial.
Néstor Kirchner está destinado a ser protagonista en un territorio que no le es propio. El ex presidente no tiene perfil de legislador pero deberá aprender a serlo. No le será fácil convertirse en uno más pero podrá demostrar que en ese terreno, donde las disputas se dan cuerpo a cuerpo, él podrá desplegar su capacidad política. Somos muchos los que lo votamos y necesitamos que se adapte a este nuevo desafío.
Los análisis políticos que he leído en estos días no lo toman muy en cuenta. Se ocupan por afirmar que esta oposición es débil y esa foto del jueves 3 de diciembre quedará como el mejor de sus recuerdos. Yo coincido. La oposición que, en gran medida, quiso desgastar al gobierno, consiguió debilitarse y fue el oficialismo el que salió fortalecido en la contienda. Es el kirchnerismo el que tiene un proyecto, estrategia y militantes convencidos y fieles. Lo demás es un rencor disfrazado de republicanismo que no puede construir como en el caso de Pino Solanas porque la figura egocéntrica del líder todo lo deglute, que tienen sólo una política mediática, como en el caso del PRO.O que se aferra al traidor de turno con tal de volver al poder, como el radicalismo. Hay una mezcla entre el no querer de Elisa Carrió y el no poder de un Eduardo Duhalde que los dejan a mitad de camino pero, si de pasiones se trata, también habrá que decir que se nota que los golpes le duelen a Néstor Kirchner. Sus expresiones el día de la derrota electoral, como la tarde de su jura como diputado, le otorgan una humanidad que despierta otras lecturas sobre la política. Si Néstor Kirchner es un personaje político lo es, por sobre todo, porque lo hemos visto crecer, desplomarse y resurgir. Lo vimos en pleno poder, sacando a la Argentina de la peor crisis institucional de su historia, amado como una estrella de rock y también vimos el odio, el infortunio, descubrimos al hombre que se sentaba en San Telmo en una asamblea de Carta Abierta después de la derrota y pensamos que por más errores que haya cometido no se merece perder frente a Francisco De Narváez, no se merece lo que muchos, incluido grandes sectores del pueblo argentino, le están haciendo.
Yo también creo que Victoria Donda y Claudio Lozano (que son nuestros compañeros) se equivocan al pactar con el diablo pero realmente tengo más ganas de pensar en lo que puede ser Néstor Kirchner en el congreso si es capaz de olvidarse por un rato que fue Presidente y Gobernador y entender, sin nostalgia, que la historia lo ha puesto en un lugar extraño, tal vez insólito, en el lugar que le destina a los verdaderos políticos que es el de jugar en todos los frentes, el de tener muchas vidas, muchas perspectivas y encontrar allí nuevas estrategias. Las emociones que Néstor Kirchner no puede disimular hablan de un hombre que se ha decidido a encarnar un conflicto hasta las últimas consecuencias.
Nunca me gustaron los análisis personalistas. La política se observa desde la correlación de fuerzas pero también es verdad que la tragedia griega es una fuente fundamental de aprendizaje político. Sus autores eran grandes políticos y pensaban la realidad social y guerrera desde sus textos y la teoría política se ha alimentado mucho de la dramaturgia. En la literatura griega clásica los nombres propios son muy importantes. Los personajes épicos actúan frente a condiciones dadas, frente a oponentes pero sus particularidades son fundamentales. Néstor Kirchner es una figura que puede marcar una diferencia pero yo tengo mucho miedo de que esta pelea no le interese, que no se adapte, que no acepte ser uno más. El congreso poco tiene que ver con un cargo ejecutivo y han sido muchos los ex presidentes que no han tenido un desempeño muy aceptable allí pero también creo que Néstor Kirchner es un político clásico, es decir, un político que se constituye en el terreno de lo real y esta puede ser una posibilidad imperdible de mostrar su destreza política, de desarmar a sus adversarios en el laboratorio donde las fuerzas políticas se enfrentan. Así como pudo construir su legitimidad política con el 22 por ciento de los votos, dejar sin palabras a los que decía que era el chirolita o el Cámpora de Duhalde y protagonizar uno de los mejores gobiernos de la historia argentina (algo que la derecha, en el amplio sentido de la palabra, no va a perdonarle nunca) tiene que poder demostrar que ahora, después de perder las elecciones y de no tener una mayoría automática puede cambiar la correlación de fuerzas gracias a su talento político y al de muchos otros que lo acompañan, así va a convencer a todos aquellos que se han dejado engañar por el discurso mediático, que Néstor Kirchner no gobierna con la caja sino con una Virtud que sabe enfrentarse a la Fortuna.

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