viernes, 4 de diciembre de 2009

Arte y Parte


Publiqué esta nota en la revista Viva del diario Clarín en diciembre del 2007 y hoy tenía ganas de revivirla en el blog

Los años noventa estaban llegando a su fin y en el Pasaje Dardo Rocha de la ciudad de La Plata, un misterioso y anónimo personaje se llevaba la estatua de Luzbelito, burlando la guardia de la muestra que Ricardo (Mono) Cohen, estaba realizando por aquellos días. La escultura era la forma visible de un personaje creado por el grupo de rock “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” y se sospechaba que tamaña aventura había sido realizada por un fanático ricotero que quería a Luzbelito para él solo.
Casi diez años después una patrulla de la policía federal encuentra en un aguantadero la estatuilla, acompañada de una caja llena de recortes de prensa que documentaban la epopeya. Rocambole recupera a Luzbelito y su regreso debe acompañarse con un rito.
En el mismo lugar, ahora convertido en Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (MACLA) Rocambole despliega su “Rito del Pasaje”. Allí, varios Luzbelitos clonados reciben al Luzbelito original. Más allá de la broma, o de la anécdota que sirve para ejemplificar el fanatismo, la obra plástica del Mono o de Rocambole, está inmersa en un mito y los cuadros que miran a los Luzbelitos que ocupan el centro de la sala, o de la escena, no dejan de señalar que allí está ocurriendo algo atípico.
“Es que se trata de la obra de un ilustrador”, explica el mismo Rocambole. “Si yo tuviera que hacer mi propia crítica diría: acá se ve la influencia de la historieta. Yo soy, más que nada, un ilustrador, una persona que desde el lado de lo visual trata de rescatar lo que es una letra de rock o un cuento pero, de todas maneras, ni yo sé cual es la historia. Me gusta esa parte que tiene el arte de sugerir, de no terminar de contar todo para que el espectador reconstruya.”

Esta búsqueda narrativa a partir de la imagen ¿no divide las aguas en el terreno de la plástica?

-Es que en la plástica la construcción se basa solamente en líneas, colores y formas, el hecho de que todas esas cosas confluyan en algo reconocible para el espectador es como una yapa, entregarles un bonus track, que por lo menos viva la aventura. Vos cuando pintás estás acá (y se acerca a la tela del cuadro “La damiselas de Green Pace”) y desde acá esto es un cuadro abstracto (N de la R: mientras que de lejos es el brazo de una de las dos mujeres que componen la escena) Estás construyendo una reunión de formas, lo que ves de lejos es el lugar por el cual empezaste, para no tener el dilema de la página en blanco. Te voy a decir un secreto ¿Ves dónde están estas líneas? Yo pinté la tela de negro y, justo por esa época, me mudé a un taller que era una casa muy antigua, tipo chorizo. Recién me estaba instalando, dejé la tela en una habitación y a la mañana siguiente me encuentro con que había caracoles, los caracoles, parece, que se fascinan con el negro,
divagaban y hacían estas líneas y ahí pinté siguiendo lo que ellos proponían y después dije: Esto puede ser una mujer. Fue lo que pidió el cuadro y me parece fantástico.


Hay una fuerte referencia del pasado para contar el presente en tu obra. La imagen del disco “Octubre” de Los Redondos, recrea la estética de la Revolución Rusa en el marco de los años ochenta en la Argentina Lo mismo ocurre con la pintura de Francisco Goya, “El 3 de mayo de 1808” para el diseño del álbum “¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado”

- Por esa razón algunos me tildan de posmoderno, por tomar imágenes de la historia del arte, pegotearlas y armar un password. Yo me defino un poco más pop, aunque tampoco se parecen a las imágenes pop a las que estamos acostumbrados sino en el sentido que mis imágenes se hacen bastante populares, como ocurría con los primeros pop, el arte de los cartelones, de la publicidad, llevado a formas artísticas poco académicas.

Habría que discutir ese concepto de posmoderno porque está muy ligado a la deshistorización. En tu obra, por el contrario, hay una tensión entre ese pasado, como puede ser el cuadro de Goya y una forma de violencia urbana que, a partir de esa cita, encuentra su dimensión histórica. Todo artista recrea el pasado, en tu caso lo que llama la atención es que eso se vea en la tapa de un disco y no, exclusivamente en un cuadro.

-Eso es lo más interesante que se ha dado por un proceso fortuito, todavía a mi me sorprende. Yo he visto chicos que se prosternaban en las estatuas de Luzbelito mirándolas horas. Digo: están rezando. Lo veneran como quien ve el retablo de un santo. A mi me asusta.

Ese costado fanático del rock…

-Es un costado fascista. Yo he hablado contra las marcas y un dibujo mío se transformó en una marca, sin proponérmelo pero es una marca: señala algo, determina algo, todos lo usan como marca pero yo no lo puedo impedir, es una cuestión que se me escapa y las actitudes del líder de rock, rodeado de fanáticos, me recuerda a esos actos de masas.

Después de Cromañón queda claro que ese fanatismo que genera el rock implica asumir ciertas responsabilidades. Quienes viven del rock hacen uso de ese fanatismo, les sirve para ganar más dinero.

-Si, es cierto pero si vos medís la responsabilidad en el sentido de alguien que está absolutamente esclarecido pero la mayoría de los líderes de rock son chicos que en algún momento fueron fanáticos de una banda y de repente cumplieron ellos el sueño de ser los que generaban ese fanatismo. Ni siquiera creo que “el último poeta neoliberal”, como lo llamo yo a Solari pueda dar una respuesta. He hablado con el Indio y coincidimos en que nos asusta. Él me dice: Yo quiero exponerme menos que menos y siempre es peor.

¿No hay una estrategia en el ambiente del rock para construir ese mito?

-No, no hay estrategia. Yo estuve vinculado a dos grupos que especularon con eso del mito. Primero “La Cofradía de la Flor Solar” que se transformó en un mito mucho después de su aparición, al principio no generaba ni caspa y Los Redondos más hacia los ochenta y podría pensar que es fácil construir un mito pero no sé como es. Lo que si apostaría a que primero hay que construir la historia, proponer algo que todavía no se haya propuesto. En “La cofradía...” ¿qué pasaba? Era una comunidad en la que vivíamos todos juntos. Los Redondos no se venden, no salen, son misteriosos. Ahora, no hubieran sido lo que fueron sin la calidad estética porque, incluso los periodistas de rock, pensaban que el público de rock no entendía nada, que la letra no importaba, ese fue el otro mito destruido por Los Redondos.

Pero existía Luis Alberto Spinetta

-Si, pero en el caso de los Redondos la gente hacía carne esa letra. Los Redondos eran como la Biblia, la cabía a todos, encontraban estrofas que los describían.

Es la aventura, la historieta hecha cuerpo, la que guía el camino de Rocambole hacia el museo. Primero estuvo la vida y, al igual que el personaje de folletín al que le roba el nombre, se mezcla en las múltiples propuestas que le presenta este mundo urbano donde no faltan extraños episodios bandolerescos, muertes que todavía resuenan y una obra hecha bandera. Un mito que, tal vez, siente la palabra museo como un territorio demasiado quieto.




Revista Viva

Entrevista: Rocambole:


Los años noventa estaban llegando a su fin y en el Pasaje Dardo Rocha de la ciudad de La Plata, un misterioso y anónimo personaje se llevaba la estatua de Luzbelito, burlando la guardia de la muestra que Ricardo (Mono) Cohen, estaba realizando por aquellos días. La escultura era la forma visible de un personaje creado por el grupo de rock “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” y se sospechaba que tamaña aventura había sido realizada por un fanático picotero que quería a Luzbelito para él solo.
Casi diez años después una patrulla de la policía federal encuentra en un aguantadero la estatuilla, acompañada de una caja llena de recortes de prensa que documentaban la epopeya. Rocambole recupera a Luzbelito y su regreso debe acompañarse con un rito.
En el mismo lugar, ahora convertido en Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (MACLA) Rocambole despliega su “Rito del Pasaje”. Allí, varios Luzbelitos clonados reciben al Luzbelito original. Más allá de la broma, o de la anécdota que sirve para ejemplificar el fanatismo, la obra plástica del Mono o de Rocambole, está inmersa en un mito y los cuadros que miran a los Luzbelitos que ocupan el centro de la sala, o de la escena, no dejan de señalar que allí está ocurriendo algo atípico.
“Es que se trata de la obra de un ilustrador”, explica el mismo Rocambole. “Si yo tuviera que hacer mi propia crítica diría: acá se ve la influencia de la historieta. Yo soy, más que nada, un ilustrador, una persona que desde el lado de lo visual trata de rescatar lo que es una letra de rock o un cuento pero, de todas maneras, ni yo sé cual es la historia. Me gusta esa parte que tiene el arte de sugerir, de no terminar de contar todo para que el espectador reconstruya.”

Esta búsqueda narrativa a partir de la imagen ¿no divide las aguas en el terreno de la plástica?

-Esa que el la plástica la construcción se basa solamente en líneas, colores y formas, el hecho de que todas esas cosas confluyan en algo reconocible para el espectador es como una yapa, entregarles un bonus track, que por lo menos viva la aventura. Vos cuando pintás estás acá (y se acerca a la tela del cuadro “La damiselas de Green Pace”) y desde acá esto es un cuadro abstracto (mientras que de lejos es el brazote una de las dos mujeres que componen la escena) Estás construyendo una reunión de formas, lo que ves de lejos es el lugar por el cual empezaste, para no tener el dilema de la página en blanco,. Te voy a decir un secreto ¿Ves dónde están estas líneas? Yo pinté la tela de negro y, justo por esa época, me mudé a un taller que era una casa muy antigua, tipo chorizo. Recién me estaba instalando, dejé la tela en una habitación y a la mañana siguiente me encuentro con que había caracoles, los caracoles, parece, que se fascinan con el negro, divagaban y hacían estas líneas y ahí pinté siguiendo lo que ellos proponían y después dije: Esto puede ser una mujer. Fue lo que pidió el cuadro y me parece fantástico.

Hay una fuerte referencia del pasado para contar el presente en tu obra. La imagen del disco “Octubre” de Los Redondos, tiene algo de la estética de la revolución rusa adaptada a los



años ochenta en la Argentina, la pintura de Francisco Goya, “El 3 de mayo de 1808” para el diseño del álbum “¡Bang! ¿Bang! Estás liquidado”

- Por esa razón algunos me tildan de posmoderno, por tomar imágenes de la historia del arte, pegotearlas y armar un password. Yo me defino un poco más pop, aunque tampoco se parecen a las imágenes pop a las que estamos acostumbrados sino en el sentido que mis imágenes se hacen bastante populares, como ocurría con los primeros pop, el arte de los cartelones, de la publicidad, llevado a formas artísticas poco académicas.

Habría que discutir ese concepto de posmoderno porque está muy ligado a la deshistorización. En tu obra, por el contrario, hay una tensión entre ese pasado, como puede ser el cuadro de Goya y el presente donde vos contás determinado tipo de violencia urbana dándole una dimensión histórica. Todo artista recrea el pasado, en tu caso lo que llama la atención es que eso se vea en la tapa de un disco y no, exclusivamente en un cuadro.

-Eso es lo más interesante que se ha dado por un proceso fortuito, todavía a mi me sorprende. Yo he visto chicos que se prosternan en las estatuas de Luzbelito mirándolas horas, digo: están rezando. Lo veneran como quien ve el retablo de un santo. A mi me asusta.

Ese costado fanático del rock…

-Es un costado fascista. Yo he hablado contra las marcas y un dibujo mío se transformó en una marca, sin proponérmelo pero es una marca: señala algo, determina algo, todos lo usan como marca pero yo no lo puedo impedir, es una cuestión que se me escapa y las actitudes del líder de rock, rodeado de fanáticos, me recuerda a esos actos de masas.

Después de Cromañón queda claro que ese fanastimos que genera el rock implica asumir ciertas responsabilidades. Quienes viven del rock hacen uso de ese fanatismo, les sirve para ganar más plata.

-Si, es cierto pero si vos medías la responsabilidad en el sentido de alguien que está absolutamente esclarecido pero la mayoría de los líderes de rock son chicos que en algún momento fueron fanáticos de una banda y de repente cumplieron ellos el sueño de ser los que generaban ese fanatismo. Ni siquiera creo que “el último poeta neoliberal”, como lo llamo yo a Solari, he hablado con el Indio y coincidimos en que nos asusta. Él me dice: Yo quiero exponerme menos que menos y siempre es peor.

¿No hay una estrategia en el ambiente del rock para construir ese mito?

-No, no hay estrategia. Yo estuve vinculado a dos grupos que especularon con eso del mito. Primero “La Cofradía de la Flor Solar” que se transformó en un mito mucho después de su aparición, al principio no generaba ni caspa y Los Redondos más hacia los ochenta y podría pensar que es fácil construir un mito pero no sé como es. Lo que si apostaría a que primero hay que construir la historia, propioner algo que todavía no se haya propuesto. En “La cofradía..” ¿qué pasaba? Era una comunidad en la que vivíamos todos juntos.

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