jueves, 19 de noviembre de 2009

Escribir en la intemperie


Por Alejandra Varela



El viernes 13 de noviembre nos sorprendió la muerte de Leónidas Lamborghini. Esa tarde había recurrido casualmente a sus textos en una librería del centro de La Plata y cuando volví a casa me enteré de su velatorio en la Biblioteca Nacional. A modo de recuerdo, de pequeño homenaje,trascribo un fragmento de un texto que escribí hace dos años sobre “Carroña, última forma”



La sílaba es el verso. Un paso que se da. La idea de perder de vista lo que se lee. Puede existir el error: unir una sílaba con otra que no crea la palabra correcta. O, tal vez, ese sea el fin, construir palabras nuevas que se hacen en el azar, en ese andar de la página que desconcierta. La palabra perdida no puede identificarse en el simple golpe de vista. Hay que meterse en el texto y descubrirla.

Leónidas Lamborghini indaga en la dimensión visual de la poesía. El lugar de la palabra en la hoja. Un espacio que la separa totalmente de la narrativa donde se entrega a un recorrido previsible.

Se hermana con Carlos Correas en el conocimiento de la calle como territorio ficcional. Existe una locura encerrada en el “yiro frenético”. También es natural el modo en que Lamborghini se acerca a la tragedia pero el espacio entre una sílaba y otra del poema es el abismo.

La poesía es algo que nos enreda, que no nos lleva ningún lugar, que no explica nada.

A veces el verso es sólo una letra, abandonada de la palabra que le da una entidad. Leer se vuelve dificultoso, leer duele. El dolor que no está exacerbado en la voz del poeta ,aparece en el ojo que lee. Herido como en el comienzo de “Un perro andaluz”

Ella deja ver cada vez más pero el poeta dice menos. Lamborghini entiende que en la poesía el conflicto está en la convivencia de una palabra con otra. El estilo viene a molestar, a generar otra posibilidad de lectura.

Lamborghini insiste con el espacio vacío de la página. Algo se suprime, algo permanece censurado, se ha perdido., El texto está mutilado.

Lo que ocurre, lo que no se puede ver es lo que importa. La poesía no está para contar. Es el albatros que en Baudelaire nunca debía acercarse a la tierra porque sería lastimado por los mortales comunes. En Lamborghini cae estrepitosamente, En él no hay vuelo.

Escribir es un movimiento. El movimiento de la mano, la boca. El sexo es una experiencia fragmentada, reducida a unas pocas acciones, despojada. Se describe en la sordidez, se encuentra en la calle como cualquier otra cosa.

Todo no es más que una descripción urbana de la muerte.

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