domingo, 6 de febrero de 2011

Pequeños héroes


Una versión de esta nota se publicó en octubre del año 2008 en el Suplemento Si del diario Clarín



Entrevista a los hijos de ex combatientes de Malvinas:
Por Alejandra Varela
Podría tratarse de una reunión como cualquier otra: un grupo de padres jóvenes con hijos en plena infancia, una especie de poliladrón que se arma para entretener a los niños pero algunos detalles llaman la atención: es de noche y tanto los padres como los hijos han bautizado a ese juego como “la guerrilla” y además los hombres muestran un conocimiento destacado de la táctica guerrera, hablan de “ataques en pinza” y otras destrezas que deslumbraban a los chicos. “Nosotros estábamos chochos porque jugábamos a
la guerra con ellos que eran los héroes”, recuerda Martín Carrizo junto a sus amigos que, como él, son hijos de excombatientes de Malvinas.
Hay fascinación, tranquilidad, una asombrosa naturalidad en el relato porque estos chicos, que se presentaron en sociedad el año pasado con un film documental llamado “Nuestras historias: Una película de los hijos”, viven esa porción de la historia que les ha tocado en suerte “como algo normal. Nosotros tomamos Malvinas como hacer algún deporte. No es que decimos: Nos están pasando una gran responsabilidad: Lo tomamos con responsabilidad pero con la tranquilidad de que es algo que nos interesa y nos
gusta
Lo especial, el dato distintivo que rompe toda supuesta estadística es que estos chicos nacidos a mediados de los ochenta, se han criado en un ambiente politizado. Sus padres son los creadores del Cecim – La Plata , un referente en la lucha que los excombatientes realizaron al regreso de la guerra, cuando fueron dejados en el abandono y la indiferencia. Entonces la historia no se
redujo al relato oscuro y doloroso de los hechos sino que prevaleció la búsqueda de la verdad. Tanto Martín como Francisco Marano, al igual que Camilo Giordano y Alejo Robert fueron asimilando el modo en que la memoria se desprende del trauma, el costado más siniestro de la guerra se transforma en denuncia y el dolor, que nunca desaparece, tal vez, sea ese componente que es necesario olvidar para seguir adelante.
“Nosotros en parte somos unos maricones porque nos moviliza esto pero también somos de piedra”, explica Martín. “Tenemos la fortaleza para escuchar las cosas que hay que escuchar seguir adelante” y al momento de pensar si su experiencia se extiende a otros hijos de excombatientes, comenta: “Hay chicos que les duele tanto que no pueden hablar del tema como hay excombatientes que no pueden hablar porque se quiebran al segundo. Algunos no hablan con los padres pero tienen la inquietud de acercarse y preguntar.

Ese silencio que tuvo su carga estratégica de parte de las autoridades militares, sigue atravesando a estos jóvenes que no dejan de quejarse por lo poco que se sabe de Malvinas. Lo palparon en su paso por el colegio secundario, cuando en la mayoría de los casos se encontraron con profesores que reproducían un discurso sin mayor reflexión y lo viven con compañeros de facultad que rondan la veintena.
“Cuando hicimos la película pensamos en dirigirnos a un público joven”, interviene Francisco “porque sentimos que tenemos las mismas herramientas para poder entender algo que pasó en la historia argentina.” Y Camilo Giordano cita con orgullo a su hermano
Manuel que también forma parte del grupo: “En toda la década del 80 se cultivó el olvido. Recién ahora se está empezando a olvidar el dolor y a recordar, a tener más memoria de lo que pasó, recién ahora se puede profundizar y empezar a conocer lo que fue todo el proceso”
Comenzaron a notar que los adolescentes “ven Malvinas como a San Martín y eso es un peligro porque están dejando de la lado la posibilidad de que vuelva a haber una guerra en la Argentina , con todos los problemas que estamos teniendo de agua, territorio y comida” esta preocupación que expresa Martín los llevó a una reflexión crítica sobre al modo en que se enseña a la historia en los colegios secundarios y a idear un proyecto, conjuntamente con
la Facultad de Periodismo de La Plata , que tiene de a remediar esta falencia con su participación directa para aportar datos y métodos que despierten el interés por lo que pasó. “Nosotros creemos que a Malvinas la tienen que ver como algo que ocurrió hace30 años”, sigue Martín “Nosotros estamos haciendo una investigación de campo en los colegios y en muchos Malvinas no se trata y en algunos la dictadura apenas se llega a tratar. A los chicos les estás quitando una parte muy importante de la historia por la que muchos murieron y otros seguimos peleando. En el colegio estás armando cabezas y les estás sacando una parte de la memoria. Habría que ver qué es más importante, si dedicarle todo el tiempo a la Revolución de Mayo o ir equilibrando los temas y que los chicos conozcan, al menos, quienes fueron los últimos veinte presidentes” y Francisco acerca otro comentario: “Darle más importancia a la parte política de la historia reciente del país que es clave para comprender la actualidad.”
Entonces los chicos se apresuran a declarar que ya no hay debates políticos intensos, ni en los colegios, ni en las mesas familiares, producto de que los adultos también están muy despolitizados, una actitud frente a la vida que no es gratuita, que trae consecuencias: “Lo que queremos hacer es recuperar ciertos valores”, expone Martín “Soberanía, memoria y estado y relacionarlos con la educación y en base a eso cambiar el modo como se da la historia en las escuelas donde no hay debates
políticos. Estudías de una fotocopia de memoria. El otro problema es que en las mesas familiares no se habla de política y el chico no asimila esa costumbre. Nuestras mesas son todas de debate y no estoy hablando de la gente más intelectual del mundo”.
Durante muchos años el relato de los ex combatientes de Malvinas generó resquemores en la sociedad. Al pasar esta experiencia a sus hijos, la guerra sale de la esfera privada en la que quedó atrapada por mucho tiempo y parece tener una dimensión más social. “Tal vez porque al ser un hijo puede ser cualquier persona”, se aventura a pensar Camilo, “no se trata solamente de alguien que fue a la guerra,
puede ser cualquiera que anda por la calle.”
Cuando el adolescente descubre que inesperadamente puede dejar de serlo, comienza a definir acciones que lo llevan a asumir relaciones de continuidad y ruptura con las generaciones anteriores. Ese tránsito tiene una carga especial para muchos hijos en la historia argentina porque ese nombre genera un abanico de ausencias, de dolores y también trae la imagen de jóvenes de otras épocas que asumieron un protagonista, una épica que hoy parece ausente.
“Nosotros no fuimos a la guerra. Esa es la principal diferencia con ellos” y la evidencia en las palabras de Alejo cobran una dimensión que parecía inédita. “Nuestros padres siempre recuerdan a los caídos porque su muerte hizo posible que ellos volvieran y porque ellos están vivos pudimos nacer nosotros. Por eso le dedicamos la película a los soldados que se quedaron en las islas”.
Y al momento de pensar su particularidad frente a otros hijos, Francisco declara: “El dolor de un hijo que pierde a un padre, hay gente que puede creer que lo entiende y seguramente el dolor que siente un hijo de desaparecidos es absolutamente distinto. Mucho más difícil es entender a una persona que fue a la guerra. No estoy quitándole importancia, ni mucho menos pero es difícil poder situarse en una guerra.”
En las voces de los hijos la guerra adquiere otro sentido, como si por un momento se pudiera imaginar que una generación le abre la posibilidad a una sociedad entera de dejar de ver Malvinas como un tema incómodo, intransitable y hubiera una esperanza de superación, de hacer resplandecer el orgullo en medio de la derrota.

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