viernes, 25 de febrero de 2011

Feliz cumpleaños, Néstor


Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”

Eduardo Galeano – El libro de los abrazos

sábado, 19 de febrero de 2011

Feliz cumpleaños, compañera Presidenta


Nos convertimos en una sola voz para decirte el día más doloroso de tu vida que no estabas sola.

Hoy intentamos que el infinito agradecimiento que sentimos por tu coraje, tu fortaleza y tu inteligencia se convierta en el consuelo y la compañía que necesitás para continuar por este rumbo.

Desde algún lugar Néstor te sigue arropando con su amor porque esa fuerza no podrá olvidarse nunca.

domingo, 6 de febrero de 2011

Pequeños héroes


Una versión de esta nota se publicó en octubre del año 2008 en el Suplemento Si del diario Clarín



Entrevista a los hijos de ex combatientes de Malvinas:
Por Alejandra Varela
Podría tratarse de una reunión como cualquier otra: un grupo de padres jóvenes con hijos en plena infancia, una especie de poliladrón que se arma para entretener a los niños pero algunos detalles llaman la atención: es de noche y tanto los padres como los hijos han bautizado a ese juego como “la guerrilla” y además los hombres muestran un conocimiento destacado de la táctica guerrera, hablan de “ataques en pinza” y otras destrezas que deslumbraban a los chicos. “Nosotros estábamos chochos porque jugábamos a
la guerra con ellos que eran los héroes”, recuerda Martín Carrizo junto a sus amigos que, como él, son hijos de excombatientes de Malvinas.
Hay fascinación, tranquilidad, una asombrosa naturalidad en el relato porque estos chicos, que se presentaron en sociedad el año pasado con un film documental llamado “Nuestras historias: Una película de los hijos”, viven esa porción de la historia que les ha tocado en suerte “como algo normal. Nosotros tomamos Malvinas como hacer algún deporte. No es que decimos: Nos están pasando una gran responsabilidad: Lo tomamos con responsabilidad pero con la tranquilidad de que es algo que nos interesa y nos
gusta
Lo especial, el dato distintivo que rompe toda supuesta estadística es que estos chicos nacidos a mediados de los ochenta, se han criado en un ambiente politizado. Sus padres son los creadores del Cecim – La Plata , un referente en la lucha que los excombatientes realizaron al regreso de la guerra, cuando fueron dejados en el abandono y la indiferencia. Entonces la historia no se
redujo al relato oscuro y doloroso de los hechos sino que prevaleció la búsqueda de la verdad. Tanto Martín como Francisco Marano, al igual que Camilo Giordano y Alejo Robert fueron asimilando el modo en que la memoria se desprende del trauma, el costado más siniestro de la guerra se transforma en denuncia y el dolor, que nunca desaparece, tal vez, sea ese componente que es necesario olvidar para seguir adelante.
“Nosotros en parte somos unos maricones porque nos moviliza esto pero también somos de piedra”, explica Martín. “Tenemos la fortaleza para escuchar las cosas que hay que escuchar seguir adelante” y al momento de pensar si su experiencia se extiende a otros hijos de excombatientes, comenta: “Hay chicos que les duele tanto que no pueden hablar del tema como hay excombatientes que no pueden hablar porque se quiebran al segundo. Algunos no hablan con los padres pero tienen la inquietud de acercarse y preguntar.

Ese silencio que tuvo su carga estratégica de parte de las autoridades militares, sigue atravesando a estos jóvenes que no dejan de quejarse por lo poco que se sabe de Malvinas. Lo palparon en su paso por el colegio secundario, cuando en la mayoría de los casos se encontraron con profesores que reproducían un discurso sin mayor reflexión y lo viven con compañeros de facultad que rondan la veintena.
“Cuando hicimos la película pensamos en dirigirnos a un público joven”, interviene Francisco “porque sentimos que tenemos las mismas herramientas para poder entender algo que pasó en la historia argentina.” Y Camilo Giordano cita con orgullo a su hermano
Manuel que también forma parte del grupo: “En toda la década del 80 se cultivó el olvido. Recién ahora se está empezando a olvidar el dolor y a recordar, a tener más memoria de lo que pasó, recién ahora se puede profundizar y empezar a conocer lo que fue todo el proceso”
Comenzaron a notar que los adolescentes “ven Malvinas como a San Martín y eso es un peligro porque están dejando de la lado la posibilidad de que vuelva a haber una guerra en la Argentina , con todos los problemas que estamos teniendo de agua, territorio y comida” esta preocupación que expresa Martín los llevó a una reflexión crítica sobre al modo en que se enseña a la historia en los colegios secundarios y a idear un proyecto, conjuntamente con
la Facultad de Periodismo de La Plata , que tiene de a remediar esta falencia con su participación directa para aportar datos y métodos que despierten el interés por lo que pasó. “Nosotros creemos que a Malvinas la tienen que ver como algo que ocurrió hace30 años”, sigue Martín “Nosotros estamos haciendo una investigación de campo en los colegios y en muchos Malvinas no se trata y en algunos la dictadura apenas se llega a tratar. A los chicos les estás quitando una parte muy importante de la historia por la que muchos murieron y otros seguimos peleando. En el colegio estás armando cabezas y les estás sacando una parte de la memoria. Habría que ver qué es más importante, si dedicarle todo el tiempo a la Revolución de Mayo o ir equilibrando los temas y que los chicos conozcan, al menos, quienes fueron los últimos veinte presidentes” y Francisco acerca otro comentario: “Darle más importancia a la parte política de la historia reciente del país que es clave para comprender la actualidad.”
Entonces los chicos se apresuran a declarar que ya no hay debates políticos intensos, ni en los colegios, ni en las mesas familiares, producto de que los adultos también están muy despolitizados, una actitud frente a la vida que no es gratuita, que trae consecuencias: “Lo que queremos hacer es recuperar ciertos valores”, expone Martín “Soberanía, memoria y estado y relacionarlos con la educación y en base a eso cambiar el modo como se da la historia en las escuelas donde no hay debates
políticos. Estudías de una fotocopia de memoria. El otro problema es que en las mesas familiares no se habla de política y el chico no asimila esa costumbre. Nuestras mesas son todas de debate y no estoy hablando de la gente más intelectual del mundo”.
Durante muchos años el relato de los ex combatientes de Malvinas generó resquemores en la sociedad. Al pasar esta experiencia a sus hijos, la guerra sale de la esfera privada en la que quedó atrapada por mucho tiempo y parece tener una dimensión más social. “Tal vez porque al ser un hijo puede ser cualquier persona”, se aventura a pensar Camilo, “no se trata solamente de alguien que fue a la guerra,
puede ser cualquiera que anda por la calle.”
Cuando el adolescente descubre que inesperadamente puede dejar de serlo, comienza a definir acciones que lo llevan a asumir relaciones de continuidad y ruptura con las generaciones anteriores. Ese tránsito tiene una carga especial para muchos hijos en la historia argentina porque ese nombre genera un abanico de ausencias, de dolores y también trae la imagen de jóvenes de otras épocas que asumieron un protagonista, una épica que hoy parece ausente.
“Nosotros no fuimos a la guerra. Esa es la principal diferencia con ellos” y la evidencia en las palabras de Alejo cobran una dimensión que parecía inédita. “Nuestros padres siempre recuerdan a los caídos porque su muerte hizo posible que ellos volvieran y porque ellos están vivos pudimos nacer nosotros. Por eso le dedicamos la película a los soldados que se quedaron en las islas”.
Y al momento de pensar su particularidad frente a otros hijos, Francisco declara: “El dolor de un hijo que pierde a un padre, hay gente que puede creer que lo entiende y seguramente el dolor que siente un hijo de desaparecidos es absolutamente distinto. Mucho más difícil es entender a una persona que fue a la guerra. No estoy quitándole importancia, ni mucho menos pero es difícil poder situarse en una guerra.”
En las voces de los hijos la guerra adquiere otro sentido, como si por un momento se pudiera imaginar que una generación le abre la posibilidad a una sociedad entera de dejar de ver Malvinas como un tema incómodo, intransitable y hubiera una esperanza de superación, de hacer resplandecer el orgullo en medio de la derrota.

lunes, 31 de enero de 2011

Un hombre partido en dos


Una versión de esta nota fue publicada en el diario Página/12 el pasado 23 de enero

Cuentos Completos - Thomas Mann

Por Alejandra Varela

Como si un rayo misterioso lo hubiera partido en dos, Thomas Mann fue un ser marcado por la idea del doble.
Construye su narrativa en el trazo que forma la mirada de sus personajes solitarios. Como en Bernard Marie-Koltès la mirada es un código del amor entre los hombres, no un mero regodeo de vouyer. Mirar implica imaginar, prolongar al extremo todo lo que queda suspendido en ese encuentro casual de Aschenbach con su presa. Mann escribe en La Muerte en Venecia una crónica de la homosexualidad destinada al secreto, al silencio y al rechazo, no sólo de la sociedad que vigila cada gesto, sino del propio ser amado. La homosexualidad es una instancia íntima, casi existencial, que se resigna a la contemplación porque es exclusiva del amante. La concreción de ese amor es trágicamente imposible.
La lectura de los Cuentos Completos, que presenta la editorial Edhasa, permite sumergirse en un film expresionista de los años veinte. Escenarios hospitalarios, como los del cuento Tristán, muestran una medicina del laboratorio humano donde en esos seres frágiles puede imaginarse el laborioso entramado que construyó Mann para hacer de su matrimonio burgués un refugio frente a sus ambigüedades sexuales. El juego del doble se extiende en sombras alargadas donde las verdaderas pasiones no pueden siquiera sospecharse, la represión es la estética que controla las acciones de los personajes.
Hay una conciencia que asume la pose atildada del padre de familia, el marido con una bella mujer de la aristocracia alemana pero existe un cuerpo “la única forma de lo espiritual que podemos aprehender y tolerar con los sentidos” y es ese cuerpo el que le señala a Mann que el mayor enemigo de la homosexualidad es la burguesía. A ella dirigirá sus burlas, su humor elegante.
La escritura es el germen de la homosexualidad que distancia a Tonio Kroger del mundo de las diversiones y los deportes. No se trata sólo del amor desmedido que el adolescente Tonio siente hacia su compañero de escuela, el verdadero drama se encuentra en que Tonio lee Don Carlos de Schiller y escribe poemas mientras que su amado Hans de catorce años toma lecciones de equitación y “piensa en las cosas en las que todo el mundo piensa y de las que se puede hablar en voz alta.” La narrativa de Mann es el espacio confesional del susurro donde encontrará el permiso de contar aquello que en la vida debe ser sacrificado.
La literatura es la palabra clave para nombrar la homosexualidad como una maldición que inquieta y subleva la vida en común. El personaje del cuento se vuelve incomprensible, anhela y envidia esa normalidad de los rubios y esbeltos, como una anticipación de la figura dominante del ario, pero disfruta de cierta superioridad como el Albatros de Baudelaire, castigado por el virtuosismo de su diferencia.
El lector de hoy podrá encontrar algo de esa tensión que invade los films de Lucrecia Martel donde flota, como un tema lateral, casi al descuido, un deseo entre mujeres que nunca se consuma ante las cámaras pero que espesa el ambiente a tal punto que las imágenes parecen el resultado de una fantasía, del estado mental de los personajes atenazados en una pasión que engendra culpas.
Mann podría ser también un personaje de Antonin Artaud.“Usted se queda señor; el mal no le da miedo”, le dice el peluquero a Aschenbach. No, el mal le causa fascinación, delira al imaginar que la peste que llega con la fuerza del mar va a destruirlo todo y podrá quedarse a solas con Tadzio. Para consumar ese amor entre hombres, pareciera afirmar Mann, es necesario que la sociedad entera desaparezca. Así como Artaud veía en la peste la posibilidad de que los sujetos se despojaran de su máscara diaria y mostraran el costado más irracional y salvaje, todo aquello que la cultura reprime y que la peste ilumina para darle lugar a lo incontenible, Aschenbach es el extranjero que está fuera de sí “y nada aborrece tanto como volver a sí mismo”
En la estrategia del doble que funciona como germen del expresionismo alemán, esos dos que conviven en un mismo cuerpo, negándose y odiándose uno a otro, no pueden llegar a una síntesis que permita la calma espiritual. Es una manifestación antisocial propia de un mundo donde el huevo de la serpiente está por romper la cáscara. El drama estallará en ese cuerpo donde el doctor Jekyll terminará tragándose Mister Hyde.

domingo, 23 de enero de 2011

Los parricidas


Esta nota obtuvo el Primer Premio en el concurso de periodismo que todos los años organiza la UBA, en la categoría Mejor trabajo en Periodismo Cultural en Gráfica. Con el título de “No necesitamos nuevos héroes” se publicó en la revista La Mujer de mi Vida en mayo de 2007.

El motivo fue la edición del libro “Traiciones” de Ana Longoni
Es una adolescente pero está en ese momento crucial donde, inesperadamente, puede dejar de serlo. Es, además, una princesa, una privilegiada. Un día se entera que su tío, el rey, ha decidido sepultar a uno de sus hermanos, muerto en una guerra anterior pero al otro, Polinice, el traidor, va a dejarlo sin sepultura para que se convierta en alimento de los cuervos. La joven no puede aceptar que su tío, por más poderoso que sea, quiebre una norma ligada a los dioses, a los valores religiosos de su pueblo, entonces trasgredí la prohibición y, aún sabiendo que su vida está en juego, entierra a su hermano. Creonte, su tío, que jamás imaginó que existiera un ser capaz de poner su vida en riesgo por una causa tan poco conveniente, se descoloca frente al desafío. No está en sus planes matar a nadie y menos a su sobrina, entonces le propone negociar, arrepentirse, buscar una solución por la vía del diálogo. Pero Antífona es un héroe y para los héroes no hay negociación posible. Su deber es realizar una acción cargada de sentido y cuando en algún momento de la tragedia deben elegir entre sostener su acción o borrarla y vivir, ellos siempre eligen sacrificar su vida para que algo en el orden de lo real se modifique.
Si el héroe puede construirse como tal es porque tiene como principal aliada a la muerte. Lo que Antífona descubre a lo largo de la charla con su tío Creonte (que se disfruta más en la versión que Jean Anouilh hace de la tragedia de Sófocles) es que el pasaje a la adultez, la continuidad de la vida, vuelve imposible la permanencia impecable en los ideales más extremos. Entender que la vida no es lo que se sueña en la adolescencia es lo que no soporta Antífona, por eso elige la muerte. Para sobrevivir, para adaptarse, todo sujeto necesita de la traición, o de pequeñas traiciones que delatan sus imperfecciones. También para asumir una voz personal y no se una continuación acrítica de las generaciones anteriores.
En el libro “Traiciones”, Ana Longoni describe el halo de sospechas con el que deben cargar los sobrevivientes de los campos de concentración en la Argentina. La elección o el azar los llevaron a que su necesidad de preservación se impusiera ante la idea de sacrificio en la que habían sido formados desde su militancia de izquierda. Son traidores porque no son héroes. En ellos se cuenta otra vida posible más allá de la revolución.
El sujeto sometido a la tortura, despojado de toda idea de libertad, ya perdido en su condición humana, es cuestionado por buscar estrategias para aliviar el dolor físico. Longoni se pregunta (y es imposible no sumarse a ese cuestionamiento) ¿desde qué lugar, con qué autoridad se puede enjuiciar a quien deja de ser ante el martirio? La pregunta tiene una respuesta: La izquierda de los setenta construyó un sujeto imposible, un héroe capaz de sacrificarlo todo por un valor absoluto. En base a esta idea de sujeto se cuestiona al militante real que no puede cumplir con este mandato porque en el escenario de la acción ve las debilidades, las fisuras, las dudas. Se busca que el sujeto sea ese suplemento que es el héroe, ese ser impensado que se sale de los cálculos del poder y se encuentra con sujetos que no siempre pueden serlo, a los que la militancia no les ha dado esa carga de excepcionalidad, se encuentran con la máxima de Spinoza: “¿Cuánto puede un cuerpo?” y descubren, una vez más, que nadie sabe de cuánto un cuerpo es capaz.
En “Galileo Galilei”, Bertolt Brecht se preocupa por hacer trizas cualquier idea de heroísmo. Brecha discute con la tragedia griega, con la clase de héroe que expresa Antífona, modelo de la política burguesa. Al querer depositar en una persona todo el valor heroico, lo que hace una sociedad es delegar en ella su capacidad de acción. Galileo es a los ojos de su discípulo Andrea, un científico genial, imprescindible para derrocar la ignorancia de la iglesia y un hombre que no teme a la muerte, que puede soportar la tortura más bestial porque ama a la ciencia más que a su cuerpo. Pero Galileo lo desilusiona. Adjunta de sus investigaciones, traiciona sus ideas para salvarse del tormento, aunque continúa con su tarea en secreto, en la casa que le da la iglesia en recompensa por haber claudicado. “Pobre del país que no tiene héroes”, dice Andrea acusando a su maestro. “No, pobre el país que necesita héroes”, le contesta Galileo.
La izquierda argentina ha construido la identidad militante más en el padecimiento que en la acción. Los años de cárcel y la resistencia a la tortura parecen ser la escuela política imprescindible y no pasar por ella genera vergüenza. Autores como Ernst Bloch y Tony Negri llaman a construir una política que se ocupe de la felicidad y del presente. Andrés Rivera deja como advertencia hacia el final de “La Revolución es un sueño eterno” la pregunta: “¿Qué revolución compensará la angustia de los hombres?”
Por supuesto que cansa y es tristemente vacío ese hedonismo Light que especula y que ve la preservación como única guía. Un sujeto que acepta el riesgo y la implicancia sabe que tendrá que ponerle el cuerpo al dolor y construir con él una vida que no tiene por qué estar alejada de la plenitud. El problema surge cuando los deseos del sujeto quedan anulados y éste se vuelve un ser plano, cuyo único objetivo es el asignado por la organización a la que pertenece.
Y este es el tema en el que Longoni no profundiza: La aniquilación de la subjetividad que se realizó hacia el interior de las organizaciones armadas durante los años setenta. Por supuesto que el sujeto surge la destrucción implacable de la tortura pero antes fue armado como un robot par entrar en la lógica de la guerra porque, como dice Oscar Del Barco (otro “traidor”) la militancia revolucionaria se enrolaba en una ilógica asesina. Del Barco no simplifica la experiencia de los setenta, ni la reduce a la lucha armada sino que afirma que, al elegir las armas todo lo demás pasa a un segundo plano, la mecánica asesina devora cualquier ansia de liberación.
Borges piensa al traidor como a un converso, alguien que puede descubrir su identidad en la traición, como le ocurre a Tadeo Isidoro Cruz frente a Martín Fierro. También piensa al traidor y al héroe como los dos extremos de un mismo personaje. Esa posibilidad de descubrir lo mejor y lo peor en una misma persona. Cada uno puede ser aquello que detesta.
La palabra más siniestra que ha encontrado la izquierda para definir al traidor ha sido “quebrado”. Un quebrado es una persona que entra en crisis con ese discurso totalizador, sin fisuras, necesario para el combate, que por su carácter esquemático no puede transitar la duda sin debilitarse, sin resquebrajarse. El héroe griego es, también, un personaje que no tolera la duda. Edipo y Antífona van como una flecha hacia su objetivo, nunca dudan en su búsqueda de la verdad, en el riesgo que asumen. Nacieron para ser héroes. Con el Iluminismo y la tragedia isabelina el héroe, pensado en esos términos, no tienen muchas posibilidades de subsistir. No es un dato secundario que el héroe tenga poder. Su capacidad de acción es más contundente y gráfica. Para que alguien sea un héroe y no un mártir o un chivo expiatorio, se requiere de una permeabilidad del entorno para entender el sentido de su acción. Cuando el sujeto vive la derrota es la realidad la que dicta las reglas, por eso en el realismo no hay héroes.
Longoni plantea que la incorporación de la pastilla de cianuro fue una manera de protegerse de la delación y de tomar en cuenta los límites humanos de los militantes. Como no se podía alardear de la voluntad de hierro ante el dolor, el sujeto se inmolaba. La muerte elimina a los posibles traidores.
Pero también podría pensarse como una forma de manifestar la prescindibilidad del sujeto. Decir que es más importante la causa que las personas, puede ser muy noble o muy nazi. Suena a lógica del exterminio.
La joven busca en su hermana una aliada para enterrar a su hermano. Ismena, absolutamente racional y política, dice que es verdad: hay que enterrar a los muertos pero que al hacerlo van a ser asesinadas por lo tanto, no tiene sentido realizar una acción cuando el fracaso está asegurado. No están dadas las condiciones, diría un marxista. Antífona le responde que a ella no le interesa ganar sino hacer lo que es justo. Es una guevarista. Hacia el final de la obra, la muerte de Antífona crea otras condiciones. Se ha despejado la bruma y el pueblo puede ver con claridad quien ha hecho lo correcto. Ya nadie se animará a afirmar que un muerto no merece sepultura.
Tal vez Longoni asuma el discurso de Ismena cuando reproduce las frases de los militantes que servían de justificación para seguir adelante en el combate, aún cuando la derrota era una evidencia, pero lo que puede observarse es que esos discursos, que podrían haber tenido sustento, se convirtieron, por el devenir de los hechos, en frases vacía. Hay algo que parece insustancial para la mirada setentista: Las muertes que se podrían haber evitado no son un dato menor. Al propiciar una conducta de mártires, la izquierda se encuadraba en la política del número: el militante resulta útil para realizar una acción de choque que sirve como recurso propagandístico, si se muere es reemplazado por otro. Desde este lugar se reproduce la ideología del sistema que se está intentando cambiar.
Roberto Artl pensó en “El Juguete Rabioso” la figuradle traidor como una construcción literaria. Silvio Astier es un escritor que narra los hechos cuando actúa. Desde su mirada de autor decide que traicionar a un amigo es más interesante dramáticamente que acompañarlo o no en un robo. El escritor le gana al sujeto real que tendrá que cargar con el estigma. Creonte también reconoce que tanto Polinice como Enteocles eran igualmente traidores pero él, como rey, necesita asignarle a uno de ellos ese papel para mantener el orden. La marca de traidor en el nombre de muchos sobrevivientes es también una construcción ficcional. Lo que Longoni no hace es rastrear qué estrategia se esconde en el armado de este relato.
El padre de Hamlet era tan malvado como su hermano Claudio. Hamlet lo sabe, por eso no se preocupa en ser un hijo obediente como Antífona, más interesada por los muertos que por los vivos, continuadora de la tradición trágica de su familia. Tal vez haya llegado el momento de olvidar, de encontrar la poesía en el porvenir, no en el pasado, de traicionar, como hizo Hamlet a su padre muerto (al fantasma de su padre) y decirles de una buena vez: Nosotros no queremos ser como ustedes.

domingo, 16 de enero de 2011

"Esto" en Mar del Plata


Ayer se reestrenó “Esto” en la ciudad de Mar del Plata, la primera obra de teatro que escribí hace más de una década. Se seguirá presentando a la misma hora, el mismo día y en el mismo lugar por lo que resta del verano.
El próximo SABADO 15 de enero a las 22 hs
En EA! Escena Abierta
Córdoba 2365 tel 493 2429
Se presentará la Obra Teatral
ESTO de Alejandra Varela
“Esto” es el pretexto para mencionar lo que no se quiere decir.
Hay un intento permanente de encontrar respuestas a cuestiones que subyacen en un clima de tensión y apariencias
Cuando el mensaje se desintegra, la información se distorsiona y lo central pierde el sentido para escabullirse en una búsqueda estéril.
Lo que importa es encontrar un culpable, un chivo expiatorio para perseguirlo, acosarlo, interrogarlo hasta las consecuencias más impensadas, con el solo objeto de permanecer protegidos detrás de una máscara
cobarde e hipócrita.-
Actúan:
Armando González - Mónica Miceli
Daniela Suarez – Patricia Viglianchino
Partitura de Sonidos: Santi Lesca
Asistencia: Ricardo Peterseim
Dirección
Daniela Suárez